Padre Luis Ojeda, cisterciense, en sus bodas de diamante: “Mi vocación es ser sacerdote monje”

Ordenación presbiteral padre Luis Ojeda

Este lunes, 11 de mayo, los sacerdotes de la diócesis han celebrado en el Seminario de Corbán la festividad litúrgica de san Juan de Ávila, patrono del clero secular español. En la jornada, han recibido un homenaje un grupo de presbíteros que cumplen este año los 25, 50 y 60 años de ministerio sacerdotal.

Uno de ellos es el padre Luis Ojeda Gómez, monje cisterciense, que el pasado 10 de abril celebró el 60 aniversario de su ordenación. Natural de Valladolid, y militar de profesión, explica cómo surgió su vocación. “Yo era instructor del ejército. Y estaba observando a los muchachos, el modo de incorporarse a la formación. Y al ver que un muchacho iba, por así decirlo, arrastrando los pies, mientras que los otros jugaban y se empujaban los unos a los otros, yo le llamé y le dije: ‘mira, yo no te he llamado para que me digas lo que te pasa, lo único que te digo es que en el ejército hay corazones de oro, tan generosos que están dispuestos a dejar la familia en cualquier momento para ser destinados a donde les manden. Así que, si en algo te puedo ayudar, aquí estoy yo’. Entonces el chico se sorprendió, y me dijo: ‘es que vengo del noviciado de Viaceli’. Yo le pregunté que qué era eso, y me dijo que tenía un tío que era monje, y un hermano, Alberico, que también lo era, aunque en ese momento estaba destinado de sacerdote en Asturias”.

Ese intercambio de impresiones llevó a Luis a desear conocer el monasterio. El joven novicio se lo consultó a su hermano, y éste al padre abad, que dio su permiso. “Fui a hablar con el capitán de mi compañía -añade-, para decirle que me gustaría hacer una experiencia monástica. Dom Luis Yagüe, abad de Viaceli, se comunicó con el capitán general de Valladolid, que le respondió que yo podía disponer de todo el tiempo que quisiera para vivir esa experiencia. Así que me vine al monasterio. Y me gustó”. Una vez vivida la experiencia, y con la convicción de que eso era lo que quería para su vida, Luis se licenció en el ejército, y fue a hablar con su madre. “Se quedó muy sorprendida”, confiesa. “Me dijo: pero, hijo, si te acabas de licenciar y ahora te marchas’”.

Celebración padre Luis Ojeda

Sacerdote monje

De sus dos años en el noviciado, guarda un grato recuerdo de “un padre maestro de novicios, muy bueno. Se llamaba dom Cecilio García. Murió a los 58 años. Era muy buena persona. Mi relación con él era de una comunión fraterna. Con una sonrisa y con una mirada nos lo decíamos todo”, señala. “De mis compañeros de noviciado, que éramos 5 o 6, me quedé yo solo”, apunta.

El 14 de diciembre de 1958 realiza su primera profesión. “Pero yo quería ser sacerdote. Mi vocación es sacerdote monje, no monje sacerdote”, puntualiza. “Lo dije desde el momento en el que llegué al monasterio: si no puedo ser sacerdote, me voy. Porque yo no quería ser monje solo. Deseaba vivir mi vida contemplativa y, a la vez, mi vocación sacerdotal. Pero todo ello dentro del monasterio”. Así fue como, un 10 de abril de 1966, recibió la ordenación sacerdotal.

En estos años vividos en Viaceli, ha pasado por muchos oficios. “He sido hospedero varias veces; también he estado bastantes años en la sacristía, por dos veces; y he pasado muchos años en la fábrica de quesos, y en el despacho de venta. Ahora, a causa de mi edad, estoy haciendo vida normal, porque ya no puedo encargarme de ciertas cosas, como antes”, comenta.

Reconoce que la comunidad cisterciense ha cambiado mucho. “Desde Viaceli hemos fundado dos casas”, relata, “una en Sobrado de los Monjes y, la última, en República Dominicana. Y eso supone una sangría de personal”.

Procesión Misa padre Luis Ojeda

Capellán y confesor

Además de los oficios ya citados, también ha sido capellán y confesor de monjas contemplativas. “Durante muchos años he sido confesor de mis queridas monjas carmelitas de Ruiloba”, indica.

Sin embargo, lo que más le ha impactado fue su contribución a la fundación del monasterio de Santa Ana, de las monjas cistercienses, en Ávila. “Fui la mano derecha de la madre Abadesa, que se llamaba Pilar Cubillo Pérez. El monasterio en el que vivían las monjas estaba en muy malas condiciones: tanto es así que, cuando llovía, se mojaba todo. Así que el cambio fue una necesidad, no un capricho”, refiere.

“Como el antiguo monasterio tenía una finca -prosigue-, pensamos hacer el nuevo con el dinero que se obtuviera de la parcelación de la misma. Pero era un proceso que llevaba mucho tiempo. Así que contactamos con diferentes autoridades, para que lo aceleraran”. De todas ellas, recuerda a “don Arturo. No sé cómo se apellidaba. Era director de Vivienda. Y nos hizo un croquis de cómo teníamos que hacer la parcelación. Y cuando lo presenté en Vivienda, quedaron muy sorprendidos. Me dijeron que quién lo había hecho, porque estaba muy bien. Y les respondí que su director. No se lo creían”, sonríe.

Después de 70 años de vida monástica, y 60 de sacerdocio, asegura que su vivencia preferida es “la relación interpersonal con Jesús de Nazaret, simbolizando ese amor a su persona en el Corazón de Jesús”, cuyo santuario se encuentra en su Valladolid natal. “Para mí, la devoción al Corazón de Jesús es el amor de Dios encarnado en la persona de Jesús de Nazaret, simbolizado de una manera muy alta en su corazón”, concluye.

Homenajeados en la fiesta de San Juan de Ávila

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