Este sábado, 6 de junio, la plaza de Lima ha acogido una multitudinaria vigilia presidida por el Papa León, primer acto público dela Visita Apostólica que está realizando a España.
El encuentro, que ha congregado a medio millón de jóvenes, ha sido seguido desde primera fila por los obispos españoles. Entre ellos, monseñor Arturo Ros, obispo de Santander, quien, al término del mismo, reconoció que «estoy muy contento. Me ha gustado mucho. Me ha hecho mucho bien«. «Me he emocionado dos veces», confesó. «La primera, a la llegada del Santo Padre. Y, la segunda, en el tiempo de la adoración», calificado por monseñor Ros como «un momento de oración profunda y bella«.
«Estoy sorprendido y emocionado -afirmó- de la fuerza y vitalidad que ha mostrado el Papa hoy. Tenía una soltura, y una fuerza… Una emoción… Nos ha transmitido a todos que está contento y feliz». Además, «me ha gustado mucho el mensaje final que ha transmitido a los jóvenes, cuando les ha pedido que sean humanos, que traten a los demás con humanidad, que no tengan miedo…». «Tenía mucha fuerza», remarcó, en alusión al Papa en la vigilia, para concluir insistiendo en que «ha sido muy bonito».
«Dios conoce bien vuestra voz»
En su mensaje en la vigilia de oración, el Papa León explicó que «durante los años de formación y de ministerio sacerdotal pude conocer muchas figuras de santidad que acompañan mi caminar». Tres en particular: san Juan Crisóstomo, de quien le había «impresionado especialmente sus espléndidas catequesis, que unen el amor por la verdad y la rectitud de vida, y su valentía para hablar ante el Emperador, diciendo siempre la verdad»; y dos españoles, santo Tomás de Villanueva, cuya «ardiente caridad me ha alentado en los momentos de prueba», y santo Toribio de Mogrovejo, «un modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres, en el nombre de Cristo». En alusión al primer santo, León XIV exhortó a los jóvenes: «no tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios de la Iglesia».
Respecto a cómo discernir la voz de Dios, respondió con tres consejos. Por un lado, el valor del silencio. Para conocer la voz de Dios puede ayudarnos, ante todo, el silencio, que favorece la atención y el recogimiento«. En este sentido, aseguró que «en el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece». Y destacó la importancia de «buscar la verdad«, porque «Dios es Verdad».
En segundo lugar, llamó a los jóvenes a confiar en Dios. «Tened la certeza de que Dios conoce bien vuestra voz: Él os escucha y os responderá». A esta confianza, sumó la seguridad de que «la oración es una voz libre justamente porque no se habla para rendir cuentas» sino que «cuando nosotros nos convertimos en oración, el Señor nos responde con su Verbo».
Por último, invitó a la humildad. «Recordad que ninguno de nosotros nació siendo maestro y que, ante el Señor, somos siempre discípulos». Una humildad que mueva a compartir el propio camino espiritual, «dando testimonio de él con coherencia de vida: la voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente».
«Os invito -continuó- a actuar como pastores, educadores y amigos. Si rezáis con amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. Buscad todos en vuestros corazones este fuego del amor de Dios, pues ahí está la presencia de Jesús, y la presencia de Jesús se percibe incluso en los momentos de nuestras caídas, porque Jesús no nos abandona».
«¡Somos libres en Cristo!»
Preguntado por los jóvenes sobre cómo pueden vivir como cristianos comprometidos con la sociedad, y cuál es la misión concreta que él les pide, a los recién casados, o a punto de casarse, les dijo: «No tengáis miedo al matrimonio ni a formar familias«. «Los discípulos de Jesús -prosiguió- son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo!».
A continuación, recordó a los jóvenes que están llamados «a dar una nueva dirección a la sociedad, convirtiéndoos en protagonistas del cambio a partir de vuestros vínculos cotidianos». «Viéndoos, queridos jóvenes, llenos de este entusiasmo motivado por la fe, me ilusiona pensar en la capacidad que tenéis de testimoniar a Cristo en el mundo, incluida la realidad digital». En cuanto a la misión, ante la indiferencia, el conformismo, la violencia de la guerra y la mentira, el Papa les encomendó que sean ellos mismos la «chispa de una humanidad nueva».
«La misión que os confío -dijo- es precisamente ésta: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas. Sed humanos como lo es Cristo». Y les animó a tener a los apóstoles y a los primeros cristianos como referentes. «Siguiendo su ejemplo, sed misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo».
La vigilia continuó con la Adoración Eucarística, con los jóvenes en silencio, para finalizar con la bendición apostólica a todos los presentes, y a aquellos que seguían el acto por los medios de comunicación. 