Jesús Casanueva Vázquez
Adorado sea el Santísimo Sacramento del Altar. Hoy, con gran alegría, celebramos la Solemnidad del Corpus. Fiesta eucarística por excelencia, en la que agradecemos la presencia histórica de Cristo entre nosotros en la Eucaristía, adoramos su presencia real en la Eucaristía y nos comprometemos a ser comunidad eucarística en medio del mundo, para acompañar y denunciar, de un modo especial, las situaciones de pobreza y de injusticia que se dan en nuestra sociedad.
1. En la Eucaristía celebramos el memorial de Jesucristo, de su vida, de su entrega y de las maravillas que Dios ha obrado desde la creación del mundo. La Palabra de Dios va encendiendo nuestros corazones, como en Emaús, para poder participar con fruto en el misterio del Sacrificio Redentor de Cristo. La Eucaristía no es sólo un recuerdo histórico, sino una acción histórica de Dios que nos hace participar, como los primeros apóstoles, en el sacrificio de la Cruz, para la salvación del mundo. Cristo no se entrega otra vez, sino que viene a nosotros para que seamos nosotros los que nos entreguemos a Él: con nuestro compromiso por la transformación de nuestra realidad. ¡Gracias Señor por este Sacramento!
2. En la Eucaristía Jesús se queda con nosotros de una forma real. En este Sacramento, el Señor no sólo viene a nosotros, sino que permanece con nosotros. Por eso la Eucaristía es una convocatoria: Jesús nos espera aquí. Y es también un impulso: Jesús nos mueve hacia su presencia real, la cual debemos buscar, no sólo en el sagrario o la custodia, sino también fuera de los muros del templo. La Eucaristía es un corazón que nos reúne en unidad y adoración, para impulsarnos a la misión y el compromiso. Sin estos dos movimientos, que son eucarísticos, no hay vida de fe completa. No hay adoración completa sin misión, y no hay misión completa sin adoración.
3. En la Eucaristía Jesús nos da a comer su carne y a beber su sangre. Como en el evangelio también podemos preguntarnos ¿Cómo puede este darnos a comer su carne? Y la respuesta, sin resolver el misterio, es que “por obra y gracia del Espíritu Santo, el Señor viene de nuevo a nuestra historia en la Eucaristía”. Es esteun gran misterio de amor que hace de nosotros una comunidad eucarística: recibimos el Cuerpo de Cristo como alimento, para convertirnos en pan de vida, de amor, de justicia, de solidaridad… de este modo Jesús sigue dando, a través de nosotros, vida al mundo.
4. El Cuerpo de Cristo es un derramamiento sin límites del amor de Jesús a su Iglesia y a la humanidad. Quien se une a Cristo de esta forma sacramental elige su amor y elige también a la Iglesia, la comunidad en la que este amor se acoge, se vive, se celebra y se anuncia de muchas maneras. Por eso conecta muy bien con el lema que Caritas a escogido este año para celebrar este día del Corpus, día de la Caridad: Elige amar, elige comunidad. No podemos abandonar a Cristo en la Eucaristía, pero es más grave aún abandonarlo en el rostro de los hermanos que sufren. El auténtico amor al Señor es adoración y es caridad.
Cuántas cosas maravillosas pueden decirse de este misterio de la Eucaristía. Las decimos porque, en él, es Jesús mismo quien viene a nosotros y permanece con nosotros. ¡Seas por siempre bendito y alabado, Señor, en este Santísimo Sacramento del Altar! En el que te haces realmente presente para inundarnos con tu amor y tu gracia.
