Este lunes, 20 de abril, ha tenido lugar la inauguración de la 129º Asamblea Plenaria que, hasta el próximo viernes, reunirá en la sede de la Conferencia Episcopal Española a los obispos españoles.
Como es habitual, los trabajos dieron comienzo con el discurso inaugural de monseñor Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE. En su intervención hizo alusión a la próxima visita del Papa León XIV a España, que tendrá lugar en el mes de junio. “Han sido decenas de lugares y comunidades de España quienes se han ofrecido para acoger al Papa. Es un motivo de agradecimiento a todos. León XIV, visitando a algunos, nos visita a todos”.
“La visita del papa León XIV a España en sí misma es un regalo que, además, está lleno de ricas oportunidades”, aseguró, al tiempo que recordaba que “la visita apostólica constituye en sí misma una llamada a la comunión y, al mismo tiempo, un recordatorio del envío misionero”. “La visita del Papa a España -prosiguió- es un acontecimiento de gracia que tiene una dimensión espiritual, pastoral y también política, entendida en sentido clásico: como la acción de los ciudadanos que se organizan para alcanzar el bien común, defender la dignidad de la vida y promover su desarrollo integral, sin olvidarse de los pobres de nuestro mundo interconectado e interdependiente”.

Catolicidad desafiada
Otro de los puntos del discurso fue el de la catolicidad “desafiada en la permanente cuestión modernista, que aparece y reaparece en cada momento histórico, al intentar vivir el insuperable y necesario coloquio entre fidelidad y novedad, en sus expresiones concretas de diálogo fecundo entre naturaleza y gracia, Iglesia y sociedad e historia y vida eterna”.
“La catolicidad, que es armonía, comunión y universalidad, comienza en el corazón y se quiebra cuando naturaleza y gracia se desgajan o se ignoran. Incluso en la misma naturaleza humana razón, afecto y voluntad pueden vivir sin avenencia y plantear un diálogo unilateral con la gracia. La reducción antropológica del sujeto humano de persona relacional a individuo autónomo reduce también la razón, el afecto y la voluntad, y sospecha de la gracia, de la que se prescinde o que reduce a iluminación o emoción motivadora. La consecuencia mayor de esta reducción es la desvinculación entre estas diversas potencias de lo humano.”.
Las emociones
En referencia a la Nota Cor ad cor loquitur de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la CEE, dijo que “dialoga con la importancia del afecto y los sentimientos en la vida espiritual y la absolutización de lo emotivo en la postmodernidad; propone recuperar el corazón, siguiendo el magisterio de los últimos papas, y ofrece criterios teológico-pastorales para el discernimiento en orden a que el impacto emocional llegue a ser conversión y adhesión a Cristo, y continúe con «la configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y el apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo» (n. 4)”.
“La Iglesia -añadió- valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales y se presenta para ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de experiencias apostólicas surgidas recientemente para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia”.

Ideologías
Para el presidente de la CEE, “en este ambiente emotivista, las ideologías que juegan un papel tan importante en la organización de las democracias modernas también se ven afectadas. Las ideas son expresión de nuestra razón y los sistemas de pensamiento nos ayudan a comprender el mundo e iluminar nuestra acción en él. Filosofía y Teología son resultado de esta realidad humana. Las ideologías en las sociedades postmodernas participan del juego de identidad, pertenencia y polarización al servicio de la lucha por el poder”.
“También el pensamiento teológico y, desde él, la vida eclesial y la acción pastoral se ven afectados por reduccionismos ideológicos. Parten de una idea noble y necesaria que desarrollar, pero, sometidas a las reglas reduccionistas del emotivismo y el poder de grupo, hieren el depósito de la fe, causan división en la Iglesia y anestesian la fuerza misionera del Evangelio. La antropología, la eclesiología, la acción social, la acogida de los inmigrantes o la presencia en la vida pública son ámbitos donde las propuestas del Evangelio se ven afectadas por ideologizaciones que frustran su despliegue para el bien del hombre y de la sociedad”, advirtió.
Relación con los poderes públicos
En otro momento de su intervención, monseñor Argüello explicó que “el estado es aconfesional, pero el Gobierno tiende a tomar posturas «confesionales» en materia antropológica, definiendo el comienzo y el final de la vida, la definición del matrimonio y de la familia, y el significado de la sexualidad humana con criterios de fe ideológica, al margen de la ciencia y de las experiencias humanas más elementales. Tiene también una mirada confesional sobre la historia, y selectiva sobre las víctimas. Manifiesta un deseo desmedido de intervenir en la sociedad civil y de controlar las instituciones que aseguran la división de poderes en lo político y la libre concurrencia en lo económico, además de una doble vara de medir, según a quién afecten los asuntos de abuso de poder o de corrupción. Todo ello queriendo asegurar el control sobre los medios de comunicación”.
“Es de mínima honradez -declaró- reconocer que varias de estas características valdrían para casi todos los gobiernos. Todos tenemos pecado original, y el poder y el dinero son tentaciones muy fuertes. Por ello, renovamos nuestro compromiso de colaboración respetuosa y crítica con el Gobierno y los gobiernos. Hemos hablado en estos meses de inmigración, de vivienda, de educación, pero el interés prioritario de este Gobierno, el único en el que ha querido forzar acuerdos, ha sido el asunto de los abusos a menores cometidos únicamente en el seno de la Iglesia y la resignificación del Valle de los Caídos (Cuelgamuros). Es justo reconocer la leal colaboración actual en la preparación de la visita del Papa”.

Líneas de pastoral
En el ámbito pastoral, afirmó que “nuestra propia experiencia pastoral y la Asamblea sinodal resaltan la importancia de la iniciación cristiana”, ya que “no podemos dar por supuesta la conversión cristiana; lo que supone, en positivo, una tarea de personalización de la fe. El Concilio definió el catecumenado como el noviciado de la vida cristiana (AG 14). Su acogida y desarrollo en cada diócesis es imprescindible”, afirmó.
También mencionó “el Congreso de las Vocaciones «¿Para quién soy?»” que “ha propuesto la antropología del don, y la Iglesia como asamblea de llamados. Queremos impulsar una pastoral vocacional como obediencia al don de Dios que se hace llamada y camino hacia la santidad. Su acogida y despliegue requiere el impulso, en la Conferencia Episcopal y en las diócesis, de «servicios de pastoral vocacional» en los que diversas delegaciones diocesanas, consagrados, matrimonios y laicos promuevan la vida como vocación y cultiven el cuidado de todas las vocaciones”.
Por último, señaló que “vivimos en un tiempo eclesial marcado por el deseo de profundizar y vivir la sinodalidad como expresión de la eclesiología de comunión promovida por el Concilio Vaticano II. Somos pueblo y camino. Vamos juntos y subrayamos, en este «juntos», la importancia que tienen todas las vocaciones para la comunión y la misión de la Iglesia”.
En este enlace se puede leer el discurso completo. Y en este link, ver el video de la sesión de inauguración.