José Luis García Mariena será uno de los tres diáconos que, en la tarde de este domingo, 26 de abril, recibirán el Orden sacerdotal de manos de monseñor Arturo Ros, obispo de Santander. La solemne Eucaristía, que dará comienzo a las 18:00 horas, se podrá seguir a través de Popular TV Cantabria. Algo que, a este joven, natural de Nicaragua, le viene muy bien, ya que su familia no podrá estar presente en la ceremonia.
“En estos momentos que son determinantes, únicos e irrepetibles -comenta-, todos deseamos dar estos pasos rodeados de nuestros seres queridos, de la familia. Sobre todo, los padres y hermanos. Además, el corazón de un padre y de una madre siempre quiere estar y amar a sus hijos, y acompañarlos en estos momentos tan importantes. Pero los míos no podrán estar conmigo en este día. Yo se lo ofrezco al Señor, y le pido que me dé fortaleza. Sé que estamos muy lejos físicamente, pero unidos espiritualmente. Aunque ni mis padres ni mis hermanos puedan estar corporalmente presentes, sí lo estarán espiritualmente, en la oración, en la intención y en la mente. La familia es algo muy importante en la vida ministerial de un presbítero, pues el sacerdote nace, crece y pertenece a una familia. El hecho de ordenarse sacerdote es muy importante, también para la familia, porque es una gracia divina que a todos nos llena de alegría”, asegura.
Una ausencia que se verá compensada por el cariño que recibe en la diócesis de Santander, donde “siempre me he sentido acogido. Por eso, me siento muy agradecido”, afirma. En especial, en estos días en los que la ordenación es inminente. “Me encuentro con mucha alegría y gratitud con el Señor, dispuesto a entregar toda mi vida a Dios a través del ministerio del orden sacerdotal. Dispuesto a que Dios se vaya haciendo eco en mi vida y me vaya indicando los pasos a seguir”.

Hoja en blanco
Una vocación, la de José Luis, que surgió en su país natal, Nicaragua. “Nací el 3 de agosto de 1997, en el municipio de Nueva Guinea, RACCS, y crecí en un lugar llamado Los Ángeles, Río San Juan, un ambiente bastante rural, donde el sacerdote llegaba una vez cada año y medio. A los 9 años de edad recibí la primera Comunión. Y, después de confesarme, le dije al cura: ‘Me gustaría ser sacerdote’. Sin saber lo que estaba diciendo, simplemente lo dije. Pues, nunca había conocido nada acerca de la vocación, ni escuchado experiencias de seminaristas. Al llegar a casa, se lo conté a mis padres, ellos pensaron que era una locura mía y no les prestaron importancia alguna. Pasó el tiempo. Hice la formación catequética para la Confirmación, pero cuando llegué a los 14-15 años ya no me acordaba de ese deseo de ser cura. Así, hasta los 17 años. Con esa edad, fui a un encuentro de monaguillos, aunque no sabía qué eran los monaguillos y nada acerca de la vida parroquial y litúrgica. Tuve una entrevista o pequeña conversación con el rector del seminario menor de mi diócesis de Juigalpa, que me preguntó si me gustaría hacer una experiencia vocacional en el seminario para ver si tenía vocación al sacerdocio. Ese encuentro era en noviembre de 2014, y se habló del 2 de febrero del año 2015 como posible fecha de ingreso. Regresé a casa, pasó el tiempo, y el 2 de febrero me fui a trabajar, porque soy agricultor y ganadero, como mis padres. Por la tarde recibí una llamada en la que me dicen que me esperan en el seminario, si quería entrar. Al volver a casa se lo comenté a mis padres. Ellos me dijeron que respetaban mi decisión y que me apoyarían en todo. Me decidí, y al día siguiente marché al seminario”.

Para José Luis, ese 3 de febrero de 2015 comenzó una gran experiencia. “Una experiencia desde cero, que se empieza a escribir en una hoja en blanco. Yo siempre lo suelo decir: un folio en blanco, porque no tenía ni idea de cuánto tiempo de formación debía hacer, qué pasos había que dar… No sabía nada. Pero así es Dios, que mueve los corazones, y luego va haciéndonos entender qué es lo que quiere de nosotros”. Hizo dos años de formación en el seminario Menor Discípulo Amado (2015 y 2016); en 2017, la etapa del Propedéutico. De 2018 a 2020 cursó la filosofía en el Seminario Interdiocesano Nacional Nuestra Señora de Fátima. Y desde 2021 a 2025 estudió el Bachillerato de Teología en la Universidad de Navarra, viviendo en el Seminario Internacional de Bidasoa.
Este futuro sacerdote conoce la realidad de un país en misión. “En mi tierra -explica-, una parroquia está compuesta de diferentes comunidades, y hay muchos sitios a los que hay que ir andando o a caballo: cuando el sacerdote visita esas comunidades, pasa una semana o 15 días con la gente antes de regresar a la parroquia. Y la fe se mantiene gracias al apostolado seglar, a un delegado de la palabra, a los catequistas y a los demás grupos misioneros”.
Por eso, no es de extrañar que asegure que, en su vida, le ha marcado “el testimonio del clero de mi diócesis. Sobre todo, el de un sacerdote, encargado vocacional que fue rector mío en Filosofía, el padre Nelson, que siempre me ha apoyado mucho. De él admiro sus virtudes y su entrega en esa labor de la cura de almas en la Iglesia”. A eso une “el pontificado de los últimos papas, en especial el de Francisco, por su entrega, cercanía con todos y testimonio de vida cristiana, además de ser de América: él de Sudamérica, y yo de Centroamérica”, concluye feliz.
