La agenda del obispo de Santander, monseñor Arturo Ros, corre paralela con la del Santo Padre en estos días en los que está realizando su Visita Apostólica a España.
Si el sábado estuvo en la vigilia con jóvenes en la madrileña plaza de Lima, el domingo por la mañana concelebró en la Misa de la solemnidad del Corpus Christi que tuvo lugar en Cibeles, y por la tarde asistió al encuentro que el Papa mantuvo en el Movistar Arena Madrid con representantes del arte, la educación, la empresa y el deporte.
Sin embargo, uno de los actos más esperados ha sido el que ha tenido lugar este lunes, 8 de junio, en la sede de la Conferencia Episcopal Española. Porque, después de su intervención ante las Cortes Generales en el Congreso de los Diputados, León XIV mantuvo un encuentro con los arzobispos, obispos y administradores diocesanos de las distintas diócesis españolas. Al término del mismo, los prelados compartieron una comida fraterna con el Pontífice en la Nunciatura. “Fue algo sencillo”, explica monseñor Ros, “porque la agenda es muy intensa. Pero he podido saludar al Santo Padre en persona. Y le he reiterado nuestra invitación para que visite la diócesis de Santander”.
Este mismo lunes, por la tarde, nuestro obispo asistió al Encuentro con la Comunidad Diocesana de la provincia eclesiástica de Madrid que tuvo lugar en el Estadio Santiago Bernabéu. “Fue un encuentro muy bonito”, confiesa. “Aunque el himno Alzad la mirada, que interpretaron al inicio del acto David Bustamante, Diana Navarro y Daniel Ciges no se pudo oír muy bien, porque coincidió con la entrada del Santo Padre y la gente explotó en aplausos. Pero fue muy emocionante”.
Hoy por la mañana, siguiendo los pasos del Papa, monseñor Ros se trasladará a Barcelona, donde esta noche asistirá a la Vigilia de oración en el Estadio Olímpico Lluis Companys; mañana por la mañana estará en la visita al santuario de Santa María de Montserrat y, por la tarde, en la Misa en la Sagrada Familia.
La polifonía como imagen de la Iglesia
Cerca de 70.000 personas de las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá de Henares se dieron cita este lunes por la tarde en el acto que ha tenido lugar en el Estado Santiago Bernabéu. Un encuentro presidido por las imágenes de la Virgen de la Almudena y el Cristo de Medinaceli, y conducido por los periodistas Christian Gálvez y Patricia Pardo.
La parte musical ha corrido a cargo del Coro Familiar Iglesia de Madrid -con cerca de 1.000 cantantes, de los cuales 300 eran niños, 70 músicos y 100 bailarines, dirigidos por el sacerdote Toño Casado-, con el himno Alzad la mirada interpretado por David Bustamante, Diana Navarro y Daniel Ciges.
León XIV ha iniciado su intervención diciendo que “para un jugador de fútbol hacer un gol en este estadio es algo que marca toda la vida”, pero “hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre”.
«Esta velada -ha dicho- es un gran himno de fe y me complace unir mi voz a la vuestra para alabar a Dios y fortalecer los lazos de una familia eclesial tan hermosa que está aprendiendo el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad». “Los números, los datos y los hechos no son suficientes para generar comunidad: nuestro corazón necesita cantar, es decir, interpretar los acontecimientos y las situaciones celebrando con los demás el sentido que irradian”, ha comentado. “Para la Iglesia, esa polifonía se realiza de manera singular “en la liturgia, el gran Memorial de la historia que nos ha salvado”.
El Bautismo como raíz de la corresponsabilidad
El núcleo de su mensaje ha girado en torno al Bautismo. “Cambia verdaderamente la vida. Nuestras sensibilidades, procedencias y prioridades se encuentran en Cristo y de su vida reciben la savia, como los sarmientos de la vid”. Transformación bautismal que opera por una reorientación de lo que hay en cada persona, “porque se orienta al servicio, deja de ser un don privado y sirve al bien común”, sin producir nunca uniformidad.
Frente a la homologación y la confusión, ha propuesto la figura de Nehemías, considerado por la tradición el reconstructor de las murallas de Jerusalén. “Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad”.
Es muy importante, ha explicado, «no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía». “Hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera, cultivar el deseo de encontrar al Resucitado, que siempre va por delante de nosotros, nos precede y tal vez ya esté presente donde aún no lo hemos buscado”.
En otro momento de su alocución, ha exhortado: “Tened confianza en el hecho, cada vez más evidente, de que se puede volver a la fe o conocerla por primera vez en la edad adulta. Disponeos a acoger los nuevos comienzos no como una excepción, sino como la regla de la misión”. Ha concluido su intervención recogiendo los testimonios escuchados y proyectándolos sobre toda la Comunidad Diocesana. “La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos. Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se puede encontrar la Palabra de Dios. El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa”. A continuación, rezó el Padrenuestro con todos los asistentes. E impartió la bendición final antes del canto del himno de la Almudena.
Fotos: Jóvenes Madrid

