EColabora Cantabria es una empresa de inserción social puesta en marcha por Cáritas Diocesana de Santander para ayudar a personas en situación de vulnerabilidad, con el fin de que puedan recuperar su dignidad, formarse profesionalmente y poder encontrar un trabajo.
Para Sonsoles López, directora de la entidad, “es como el corazón de la diócesis. Porque es donde unimos el reciclado de ropa, el cuidado de las personas, porque al ser una empresa de inserción contrata a personas muy vulnerables, y la entrega de ropa también a personas vulnerables”.
“Fue la primera empresa de inserción que nació en Cantabria”, explica. “Y desde sus inicios, en 2012, hemos evolucionado muchísimo, tanto en la manera de tratar la ropa, como en la manera de que llegue a nuestras tiendas o en la forma de organizarnos”. “Creo que tenemos que sentirnos muy orgullosos, como Iglesia Diocesana, porque el corazón de la iglesia es Cáritas, y esta es una empresa de Cáritas”, asegura.

Recogida de ropa usada
Lissete Gelves, coordinadora de Ecolabora Cantabria, comenta que “el origen de nuestro proceso es recoger la ropa usada. Los contenedores de Cáritas se llevan hasta nuestra nave y, cuando tenemos una cantidad suficiente de kilos, los trasladamos a las plantas de tratamiento, que pertenecen a Moda re-, la misma cooperativa en la que nosotros estamos. En esas plantas se clasifica la ropa intentando aprovechar al máximo el residuo textil, que es la reutilización y el reciclaje. Lo que no se puede utilizar, se lleva a valoración energética”.
“Una vez hecha esa selección”, prosigue, “nos envían nuevamente la ropa, para poder reutilizarla a través de las tiendas. A este proceso se le conoce como economía circular, porque reduce el impacto ambiental, alarga la vida útil del producto, y se evita el consumismo. Tratamos de evitar el usar y tirar”. “Cuidamos el medioambiente -añade-, pero apostando por el cuidado de las personas, a través de la inserción. Para nosotros significa que la actividad económica tiene un objetivo social, que es acompañar a las personas que lo tienen más difícil para acceder al empleo, porque están en riesgo de exclusión social. Ofrecemos contratos, formaciones y seguimiento personalizado. A cada persona se le hace un itinerario. Nuestro objetivo no es solo dar un trabajo, sino preparar a las personas para que puedan incorporarse al mercado laboral ordinario con herramientas, confianza y experiencia real”.
En cuanto a la solidaridad, asegura que “está en el corazón de todo lo que hacemos. Empieza con el gesto de las personas que donan la ropa y la depositan en los contenedores de Cáritas. Continúa con las personas que trabajamos en el proyecto, tanto los que estamos detrás del acompañamiento como las personas que se acompañan. Y se materializa en el impacto social que se genera a través de unos vales de Cáritas que se entregan a personas que los necesitan, para que puedan adquirir los productos en las tiendas”.
En este sentido, asegura que “cada prenda donada no solo es un objeto, es una oportunidad para alguien. Convertimos la solidaridad en un sistema organizado, sostenible y con impacto real”.

Personas vulnerables con empleo
La directora de Cáritas Diocesana de Santander recuerda que “cuando presentamos el informe FOESSA, denunciamos que el mayor problema que tenemos en Cantabria es el trabajo precario. Hay una empleabilidad alta, sobre todo por el sector turístico, y también un alto porcentaje de colocación en el caso de las empleadas de hogar. Pero la precariedad de los sueldos y el alto precio de los alquileres y de la vivienda, sin olvidar que mucha gente vive en habitaciones y llega a precios de alquileres, hace que las personas que están trabajando estén en exclusión. Puede haber tasas bajas de paro, pero eso no significa que las personas no estén viviendo situaciones de vulnerabilidad. Por ejemplo, hay gente que no puede poner la calefacción, o encender una placa para cocinar, porque el dinero no da”.
En Ecocolabora Cantabria, señala Lisste, “contamos con 14 puestos de inserción. Ahora tenemos a 13 personas contratadas, de inserción. Todas las personas que llegan a nuestra empresa tienen que ser ayudadas. Estudiamos cada caso concreto. Y tratamos de que recuperen todos los hábitos, y que se cuiden. Velamos porque tengan confianza y autoestima. Y así, poco a poco, empiezan a formar parte del equipo, se sienten útiles, y recuperan su rutina. Ver cómo alguien pasa de una situación de exclusión total a tener un empleo, una estabilidad y un proyecto de vida nuevamente es el verdadero sentido de lo que hacemos”.
Por eso, Sonsoles comenta que “cuando la gente abre el contenedor para depositar su bolsa de ropa, comienza la magia. Porque lo que empieza a suceder es la recogida. La ropa se lleva a la nave, a la planta, y vuelve a nuestras tiendas. La magia está en que ese proceso permite que personas encuentren una oportunidad de volver al mercado laboral ‘normalizado’, para poder recuperar esa vida que tenía. Y, todo eso, se logra a través de esos contenedores rojos”.
En la actualidad, Cáritas Diocesana de Santander cuenta con dos tiendas para poner en el mercado la ropa recuperada: una en Santander, y otra en Torrelavega. “A nuestras tiendas viene todo tipo de público. Son personas que están totalmente concienciadas con la situación actual. La gran mayoría saben que nuestro proyecto no es solo las tiendas, que hay algo más allá de ello, que son las personas. Pero la venta de ropa es lo que hace sostenible a nuestro proyecto, y lo que nos permite generar ingresos para financiar esos puestos de trabajo de inserción”, concluye.
