El viernes 26 de junio se celebraba el Día Internacional contra las Adicciones. Con este motivo, el pasado lunes, una representación de entidades del Tercer Sector se hizo presente en el Parlamento Regional, para dar lectura a un manifiesto. El texto fue presentado por Eloísa Velarde, directora de Proyecto Hombre Cantabria, junto con miembros de la Asociación Cántabra de Ayuda al Toxicómano (ACAT), y AMAT-Afrontando Adicciones, las tres entidades sociales que trabajan el tema de las adicciones en nuestra región.
En la lectura, se recordó que todas ellas comparecían “en nombre de las entidades del Tercer Sector que, día a día, de forma incansable, trabajamos en la prevención y el tratamiento de las adicciones en nuestra región”. Y que lo hacían para “dar voz a una realidad que no siempre se quiere ver, pero que convive con nosotros en nuestras calles, en nuestras aulas y en nuestros hogares”.
“Las adicciones”, dijeron, “han cambiado, pero el sufrimiento que generan sigue siendo el mismo”. “Hoy no hablamos solo de sustancias”, apuntaron, ya que “desde el Tercer Sector en adicciones, atendemos un espectro de vulnerabilidad que requiere respuestas diversas y humanas”.
Entre otras, citaron “adicciones con y sin sustancia” que abarca “desde el consumo de drogas tradicionales y de síntesis, hasta el juego patológico y el uso compulsivo de las pantallas que afecta a nuestra juventud”. También mencionaron a los menores en riesgo con los que trabajan, “adolescentes que muestran conductas de riesgo y desadaptativas” y “jóvenes que no necesitan castigo, sino guía, límites y oportunidades”.
Respecto a las “mujeres y adicciones” aseguraron que “necesitamos una perspectiva de género real”, ya que “las mujeres con problemas de adicción sufren un doble estigma y, a menudo, situaciones de violencia de género invisibilizadas. Necesitan recursos específicos y entornos seguros”, insistieron.
Para las “personas reclusas y exreclusas” pidieron “segundas oportunidades”, manifestando que “la reinserción social y terapéutica” es “la única vía para romper el círculo de la exclusión”.
Señalaron que “las familias” son “las grandes olvidadas”, pues “detrás de cada persona con una adicción hay madres, padres, hijos y parejas que sufren el desgaste de vivir con esta situación. A ellos también los sostenemos, porque la recuperación debe ser comunitaria”.
Valoraron la necesidad de “la prevención en todas las etapas de la vida”, al tiempo que agradecían a “los equipos profesionales y personas voluntarias” por “su implicación y dedicación sin medida”. Sin olvidar “la defensa de los derechos de las personas que conviven con el problema de las adicciones, y que merecen el mismo respeto, dignidad y lugar en la sociedad”.
En el Manifiesto también se recordaba que “las adicciones son un problema de salud pública – la de todos – y de justicia social”, por lo que se pedían “políticas públicas estables y de consenso, que favorezcan una estrategia decidida hacia la prevención, la intervención y la reinserción, bajo la defensa de un modelo de atención biopsicosocial de enfoque comunitario, sostenible en el tiempo”.
Al tiempo que reconocían a la Administración su apoyo y colaboración, afirmaban que “aún queda mucho por hacer, y necesitamos que se nos dote de las herramientas y la estabilidad necesarias para dar respuestas integrales a problemas complejos”.
También lanzaban un mensaje a la ciudadanía de Cantabria, porque “nadie está a salvo de caer en una adicción, ni ninguna familia está libre de vivir esta situación. Miremos a nuestro alrededor con comprensión y solidaridad, construyendo una sociedad que proteja en lugar de juzgar”.
Para concluir con la esperanza de que “las adicciones se pueden prevenir, las conductas desadaptativas se pueden reconducir y de la adicción se puede salir“. Y una exhortación: “Sigamos trabajando juntos para que Cantabria sea una tierra de salud, inclusión y dignidad para todos”.


