El 16 de julio se celebra el Día de las gentes del mar, coincidiendo con la fiesta de su patrona, la Virgen del Carmen. Este año, con el lema María, madre marinera, haz de nosotros una barca abierta a todos.
Los materiales para esta Jornada han sido elaborados por el departamento «Stella maris» (Apostolado del Mar), dentro de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad humana. Entre ellos, el mensaje de monseñor Antonio Valín, obispo de Tui-Vigo, promotor de Apostolado del Mar, en el que proclama con especial fuerza que María es la esperanza para la gente del mar. Por ello, subraya: «seamos todos y todas barca abierta, disponible, acogedora, cercana a toda persona. Tener un corazón comprometido que no se quede en la mirada, que dé un paso adelante, que se implique de verdad».
En el texto, recuerda al papa Francisco cuando afirmaba que estamos llamados a ser «una Iglesia en salida, centrada en la persona por encima de la lógica puramente económica o logística, y presente en las periferias humanas». Es la Iglesia que sale al encuentro acercándose a las fronteras, también a las invisibles fronteras del mar. Y es la Iglesia que nos recuerda que lo importante son las personas, todas, las que trabajan en el mar y las que quedan en tierra.
Además, constata que hay muchos retos en el mundo del mar. Según la FAO, más de mil millones de personas dependen del pescado como fuente principal de proteínas. «Sabemos que el gran reto no es solo técnico o económico; el gran reto es humano. Porque no basta con barcos más seguros o rutas más eficientes si no cuidamos a las personas que hacen posible todo eso», explica.
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