Este domingo, 31 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia celebra la Jornada Pro Orantibus. Un día para visibilizar la vida contemplativa, y que todos los fieles puedan rezar por quienes consagran su vida a amar a Dios y a orar por el mundo y sus necesidades.
El monasterio de Santa Cruz de las Franciscanas Clarisas fue fundado en Santander en 1656. En 1836 las monjas tuvieron que trasladarse a Santillana del Mar y, en 1918, llegaron a Villaverde de Pontones, donde, hasta 1971, se encargaron de la enseñanza de las jóvenes.
Sor María Clara, abadesa desde hace dos años, llegó a España hace 32 años procedente de su India natal. “Nací en el estado de Kerala”, explica. “En una zona rural. Tengo cuatro hermanas. Y mi familia era católica, porque en nuestra zona hay un elevado porcentaje de católicos. Cuando tenía 12 años, vinieron al pueblo unas monjas Jerónimas, que vivían en España, y les dije que quería ser como ellas. Me preguntaron la edad, y me dijeron que tenía que esperar. Yo me olvidé del tema. Pero, cuando tenía 15 años, se presentó en mi colegio lo que se conoce como la Promoción Vocacional: unas religiosas iban por los colegios para hablar con las jóvenes. Organizaron un cursillo de tres días, en el que participé. Y cuando terminó yo salía con el convencimiento de que quería ser monja. Pero no sabía cómo. Mi padre me animó a estudiar lo que aquí se conoce como Bachillerato. Entonces me enteré de que una de esas Jerónimas que tenían familia en mi pueblo vivía en Almodóvar del Campo, y por medio de ella venían jóvenes a España. Un fraile amigo común fue el que actuó de intermediario. Y así llegue aquí”.
Una experiencia que compara con la de Abraham, cuando el Señor le pidió que saliera de su tierra. “Hace 32 años, era una aventura, ya que no había móviles ni las comunicaciones que hay ahora. A mis padres les costó la decisión que tomé, porque además me vine con una hermana, y con otra amiga, que también profesó en el convento, aunque falleció hace tres años. A ellos no les importaba que fuéramos religiosas, sino la distancia”. A pesar de todo, sor María Clara tiene muy claro que “cuando el Señor te da la vocación, te da la gracia para perseverar en ella. Yo tenía 17 años en aquel momento, pero me vine a España. Directamente a Villaverde”.

Lenguaje universal del amor
De aquella época recuerda unos inicios difíciles. “No sabíamos español. Lo aprendimos todo aquí. La madre Encarnación, que es la actual Vicaria, nos lo enseñó todo. Y la madre Montserrat, que fue abadesa. Ambas fueron los pilares de nuestra formación. Aunque todas las hermanas nos han ayudado mucho. El lenguaje del amor es universal, por lo que no había problema. Es cierto que todo era muy distinto: el idioma, el clima, la cultura, las costumbres… Pero yo sabía que el Señor me llamaba. Que Él me quería aquí Y nunca me he arrepentido de haber dado este paso”.
Confiesa que “lo más difícil fue adaptarnos al clima, que en nuestra tierra era tropical. Y la comida. Nos ha costado un poco”, bromea, “aunque todas las hermanas nos han arropado mucho. El amor de las hermanas ha sido lo más gratificante. Y el sentirte en familia”.
En la actualidad, la comunidad está integrada por 16 hermanas. “Somos 4 españolas, 6 indias y 6 vietnamitas. Y abarcamos todas las edades: desde los 95 de la mayor a los 22 de la más joven, que es una novicia vietnamita. Hay tres junioras, dos de las cuales realizarán su profesión solemne el próximo 12 de julio, después de casi 10 años de formación. Y, las demás, somos profesas”. “Las hermanas indias abrimos camino”, comenta con humor. “Las vietnamitas llegaron hace unos 12 años más o menos. Donde vivían había un monasterio, y la abadesa era sobrina de un cura que conocíamos a través de amigos comunes. Así que vino una hermana, que era de vida activa y quería vivir como contemplativa. A través de esa vía, han venido más jóvenes. Ahora, yo soy la formadora. La madre Montserrat me ayudaba, pero está enferma y no puede. Aunque toda la comunidad colabora”, asegura.
Sin embargo, no todas las experiencias cuajan en vocación contemplativa. “Hay un periodo de formación inicial para discernir la vocación. Lo que más les cuesta en esa etapa, a las hermanas de Vietnam, es el idioma. Si descubren que este no es su camino, regresan con sus familias”.

Repostería y encuadernación
Las Franciscanas Clarisas de Villaverde tenían una pequeña hospedería, “pero con la pandemia la cerramos. Ahora nos dedicamos a la repostería, y también a la encuadernación, aunque cada vez nos traen menos libros”, señala.
El reparto de tareas dentro de la comunidad está muy equilibrado. “Las hermanas jóvenes trabajan en la repostería, que está muy solicitada. Gracias a Dios, viene mucha gente, aunque ahora es la época más floja. Además, tenemos un jardín con una pequeña huerta, para subsistir. La hermana más joven de las de la India está aprendiendo a cuidarla, con ayuda de la madre Encarnación”.
“Pero -advierte- nuestra misión principal en la Iglesia es la oración. Nuestra jornada, en un día normal, comienza a las 6 y media de la mañana, que es cuando nos levantamos. A las 7 ya estamos en el Coro, para la oración personal, Laudes, Rosario y Tercia. Después del desayuno, a las 9 y media, comienza el trabajo, cada una en la tarea que tenga. A la una menos cuarto rezamos Sexta, comemos y tenemos un rato de recreación. De dos y cuarto a tres y cuarto, un tiempo para descansar. Y, después, exposición del Santísimo rezo de Nona y Oficio de Lecturas. A continuación, las jóvenes tienen formación, y las demás empaquetan lo elaborado por la mañana, o riegan el jardín. Cuando todo termina, tiempo libre, o paseo por el jardín. Y, a las 7 y media, rezo de Vísperas, Misa y Completas, seguido de cena y recreo. Y, a las 10 y media, nos vamos a la cama. Los domingos no trabajamos, y nos levantamos un poco más tarde”.
Aunque no podrán asistir a los actos organizados con motivo de la Visita Apostólica del Papa León XIV, “estaremos presentes en espíritu. Y oraremos por los frutos de esta visita. Por supuesto, en lo que nos permita nuestro tiempo, viviremos a través de la televisión algunos momentos de la misma”, afirma.

Jornada Pro Orantibus
Con motivo de la Jornada Pro Orantibus, sor María Clara manifiesta que “es una gran alegría saber que en la iglesia hay muchas personas rezando por los que oramos durante todo el año por los demás. También es una alegría que la gente pueda saber que existimos, que hay unas almas que rezan por ellos, para poder sostener sus vidas a través de nuestra oración”.
“Nosotras –indica- creemos que el Señor Dios merece toda alabanza. Por eso, nuestra vida contemplativa es para alabar a Dios por los que no le alaban, orar por los que no oran y contemplarle para disfrutar de su belleza”.
Concluye exhortando a “que la gente se anime a acercarse más a Dios. Con fe es más fácil sobrellevar los sufrimientos. Se ven las cosas de manera diferente. Dios nos promete que su ayuda nunca nos va a faltar”.
