El Congreso de Vocaciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE), que se celebró hace ahora un año en Madrid, fue una asamblea de llamados para la misión, reflejo del ser mismo de la Iglesia. Un encuentro gozoso, al estilo de un «nuevo Pentecostés», en el cual el Espíritu de Jesús nos envió a ofrecer la buena noticia del Evangelio, con la confianza de saber que Dios sigue llamado y que cada persona, a pesar de los ruidos de nuestro tiempo, puede responder con generosidad.
La responsabilidad de esta etapa Post-Congreso recae, en primer lugar, en cada bautizado, viviendo como «discípulo misionero» en su vida cotidiana, en la búsqueda o desarrollo de su vocación concreta. También es responsabilidad de cada institución en nuestra Iglesia, discerniendo cómo dar un renovado impulso a la pastoral vocacional en su ámbito particular. Y a la vez, es responsabilidad de todos, buscando lo que podemos ir haciendo juntos, en sinodalidad, dentro del marco y realidad de las iglesias particulares, entre los ministerios y los carismas.
Enmarcado en este contexto, la CEE ha puesto en marcha el Servicio Nacional de Pastoral de la Vocación, con el objetivo de que sea encarnado en las diócesis de nuestro país. Y la nuestra, puso en marcha ayer el proceso de creación del servicio diocesano, con una primera reunión, presidida por nuestro Obispo, D. Arturo Ros, y cuyos objetivos fueron anunciados al inicio del encuentro: situarse, analizar el material aportado y organizarse para el desarrollo de este servicio diocesano.
En la reunión han participado todas las personas convocadas por D. Arturo y que formarán parte de este organismo. Son, en su mayoría, personas que acudieron al Congreso de Vocaciones y forman parte de diferentes colectivos y delegaciones de nuestra diócesis: sacerdotes, laicos; matrimonios, jóvenes y profesionales de distintos ámbitos son solo algunos de ellos. Durante los algo más de 60 minutos que duró este encuentro de toma de contacto, se compartieron un buen número de ideas, entre las que destacan el, en palabras de nuestro Obispo, el «interesante y significativo reto de hacer ver al pueblo fiel que todos estamos llamados a desarrollar la vocación a la que somos llamados por el Señor». Para ello y para el buen desarrollo de la labor del servicio, «tenemos cosas en las que apoyarnos para avanzar que nos ayudarán», ha afirmado D. Arturo.
Los participantes han coincidido en admitir que «el reto es enorme» y que «el trabajo en equipo es clave». Asimismo, han destacado la importancia de la actitud de escucha por parte de la Iglesia, de sus instituciones y de los miembros que la forman, para lo cual, la formación y la familia han sido remarcados como métodos imprescindibles para el fomento del espíritu crítico y de la reflexión.
Además de la organización de cuestiones prácticas y de funcionamiento, los participantes acordaron reunirse de nuevo el próximo 25 de febrero para compartir e intercambiar nuevas ideas, fruto de la lectura y trabajo del material aportado en el encuentro. D. Arturo ha mostrado su intención firme y su compromiso de participar de primera mano en este servicio diocesano, para, junto al resto de miembros, unidos, seguir mirando al futuro de la pastoral de la vocación.



