La catedral de Santander ha vivido una mañana de gozo y alegría con motivo de la festividad de su patrona, la Asunción de la Virgen María.
Presididos por el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, los actos litúrgicos han dado comienzo a las 12:00 horas en la Plaza de las Atarazanas, donde ha tenido lugar el rezo del ángelus y la tradicional ofrenda floral a la Virgen a cargo de la Unidad Pastoral del Centro de la ciudad y algunos movimientos y cofradías, además del Cabildo catedral y el obispo.
A continuación, los fieles se han trasladado al templo catedral, para asistir a una solemne Eucaristía cantada por el Coro A Cappella, bajo la dirección de Manuel Galán. En la Misa han concelebrado el cardenal Carlos Osoro, arzobispo emérito de Madrid, los canónigos, y el padre Ángel Camino Lamelas, osa, vicario territorial de Madrid, y natural de Santander.
En su homilía, monseñor Ros ha recordado que María “nos señala nuestra meta. Estamos llamados a compartir el destino que Ella ya ha logrado”. “A Ella -ha dicho-, nuestra Madre, le suplicamos que nos dé su valor y su capacidad de entrega para colaborar con Dios en su obra de transformar este mundo nuestro. A María le suplicamos que nos enseñe, como enseñó a su Hijo, a luchar, a pesar de las dificultades por las que Ella misma pasó, a hacer de esta tierra una comunidad fraternal, de hijos de Dios y de hijos suyos”.
Para el prelado, “la promesa del Señor no es cualquier cosa. Es una promesa de liberación, de un mundo nuevo, de luz, de paz, de justicia para todos…”.. «Contrasta fuertemente -ha añadido- la grandeza de la promesa del Señor con la pequeñez y la humildad de quienes la anuncian”, en alusión a María, a pesar de lo cual, “esa promesa ha atravesado todas las fronteras y se ha perpetuado a través de los tiempos hasta hoy. Y lo seguirá haciendo”. Porque, “a lo largo de la historia, miles de personas han encontrado en esa promesa la fuerza para amar, la fuerza para luchar, la fuerza para superar sus dificultades y sus sufrimientos”.
Por eso, ha exhortado a rezar con María “para que Dios mire nuestra pequeñez, que se llena de la grandeza de Dios, cuyo poder se manifiesta en la misericordia. Es el Dios de los pobres y de los sencillos, a los que llena de la grandeza que había prometido. Es donde podemos intuir el gran misterio de la Encarnación: el misterio de un Dios que salva acercándose, haciéndose pequeño, compartiendo vida y sufrimientos con esa humanidad a la que quiere salvar. ¡Esa es la fuerza de la promesa de Dios!”.
En su reflexión, monseñor Ros ha afirmado que, “como María, queremos unirnos al Dios de la vida, abrir caminos a la esperanza”. Y ha concluido asegurando que, “en nuestra Madre encontramos la guía segura que nos va indicando el camino que nos hace salir de nosotros mismos para sentirnos en comunión con los demás, y para amar”.
Al término de la celebración, el obispo de Santander ha impartido la bendición apostólica a todos los presentes.
Antes de la Misa, el canciller de la diócesis, Alberto García, ha tomado posesión como canónigo de la catedral.

