La catedral de Santander acogía este viernes, 12 de junio, una Eucaristía presidida por el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
En su homilía, el prelado dio gracias a Dios «porque podemos tener la Eucaristía y situar nuestro corazón ante el Corazón de Jesús«. A continuación, mostró su agradecimiento a las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, que atienden la catedral, organizadoras de la celebración. «Es un lujo tenerlas aquí, en Santander», dijo, «y más cuando nos convocáis para rezar», bromeó. «Nos sumamos a esta felicísima iniciativa, por el bien que supone para nosotros hacer oración, celebrar la Eucaristía, y adorar el Santísimo Sacramento».
En alusión a la Visita Apostólica del Papa León XIV que acababa de finalizar ese mismo día, y a quien había tenido la oportunidad de acompañar en Madrid y Barcelona, comentó que «ha sido, sin duda alguna, una experiencia espiritual de consecuencias pastorales y evangélicas«. «Tengo claro, clarísimo, que el Espíritu de Dios ha actuado con una fuerza redentora de la que todos y todas, presentes o a través de los medios, nos hemos sentido intensamente beneficiados. Por eso, con razón, nos acercamos al Corazón de Jesús esta tarde», aseguró.
Pequeños y cansados
Al hilo del Evangelio proclamado, se cuestionó qué había visto Jesús cuando dice «Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños». «¿Qué ha visto Jesús -insistió- para dar gracias de esta forma tan bella, tan admirable, tan profunda, tan sentida?».
Jesús, respondió, «da gracias al Padre por los pequeños, por los pobres, por los humildes, porque ellos han abierto su corazón al Corazón de Jesús. Y han entendido estas cosas, inexplicables con el lenguaje humano, pero sí posibles para vivirlas en el corazón. Esta es, tal vez, la primera llamada para nosotros esta tarde: sentirnos pequeños«. «Ser pequeños», explicó, «es ser grandes por dentro», por lo que animó a pedir al Señor: «ayúdanos a ser pequeños. Lo necesitamos, porque esa pequeñez es nuestra grandeza» ya que se convierte «en acción de gracias». «No se puede aspirar a nada mejor que ser acción de gracias para Jesús«, exclamó. «Esa es nuestra particular llamada a la santidad».
Además, prosiguió, «Jesús hace este reclamo tan precioso: ‘Venid a mí, los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré’. Porque el Corazón de Jesús es nuestro descanso«. «Venimos esta tarde -añadió- a encontrarnos con Jesús», a mostrarle «nuestro corazón, tantas veces cansado, y descansar en él», para «encontrar alivio, consuelo, caricia, esperanza, gracia, misericordia». Por eso, exhortó a los presentes a decir en la oración: «Señor, he venido a mostrarte mi corazón cansado, para que tú me des fuerza para seguir».
«Nuestros cansancio y nuestros agobios son muchos», confesó, «pero la fuerza del amor del corazón de Jesús es más grande. Él nos alivia, nos restaura, nos consuela». «Nuestra devoción al Corazón de Jesús», aseveró, «nos abre a los demás. demás. Nos abre a amar. Nos abre a servir. Nos abre a entregarnos». Concluyó exhortando a los presentes a vivir «esta celebración con sentimientos profundos de gratitud».
Al término de la Eucaristía, las Siervas dirigieron un tiempo de adoración eucarística, con el Santísimo expuesto, para continuar con los turnos de vela, durante toda la noche, a cargo de la Adoración Nocturna de la diócesis de Santander.


