Este sábado, 16 de mayo, el Monasterio de La Canal ha acogido el encuentro de personas voluntarias de Cáritas Diocesana de Santander. Una jornada de formación y convivencia en la que ha participado medio centenar de voluntarios de la entidad.
Eloísa Abaitua es una de ellas. “Para mí, este era el primer encuentro de voluntariado en el que participaba”, relata. “Entré como voluntaria el pasado mes de octubre. Y estoy en la recepción de la oficina central, en la calle Rualasal, en lo que es la acogida. Hacemos turnos de dos horas y media. La nuestra es la primera puerta que se abre para el que llega. Nuestra labor es escuchar y encaminarles, según las necesidades que tengan. Pero somos su primer contacto”, insiste.
Además, prosigue, “acompaño a un joven participante del programa de Personas Sin Hogar. Quedamos un día a la semana, hablamos, tomamos un café…”, explica. Aunque, añade, “estoy dispuesta a ayudar en cualquier cosa que me pidan desde Cáritas”.
Esta ama de casa jubilada reconoce que ha colaborado en la preparación del encuentro de voluntariado. “Sara Puente, la responsable de Voluntariado y Formación, me pidió que echara una mano. Y lo hice encantada. Pero, a pesar de ello, acudí a la reunión del sábado con mucha ilusión. Yo conocía a algunos de los asistentes, pero para mí todo era nuevo. Me encontré con gente que no conocía, personas estupendas, muy buenas. Me impresionó la alegría de la gente que se reencontraba, y lo bien que me aceptaron, aunque yo era nueva”.
Insiste en afirmar que “me han aceptado muy bien. Y he vivido una experiencia muy enriquecedora. Por todo: por la gente buena, por el ambiente, porque todos hablábamos el mismo idioma…”.

Importancia de la escucha
Entre las actividades organizadas, destaca la intervención del ponente, Enrique Marco. “Me ha gustado muchísimo lo que nos ha contado. Ha hablado de la escucha, algo importantísimo para el voluntariado, porque, aunque a algunos les cuesta, por lo general las personas que llegan nos lo cuentan todo. Y Enrique nos ha hablado con claridad, con sencillez, con cercanía. Ha dirigido dos talleres muy ágiles: uno, por grupos; y otro, entre dos personas, en el que una hablaba de problemas y la otra escuchaba”. Eloísa asegura que esa experiencia “me ha enriquecido como persona, y me ha enseñado cosas nuevas”.
La jornada incluía una Eucaristía, “que hemos preparado entre todas las personas. Me ha gustado la unión que había entre la gente. Y la alegría y paz que nos ha transmitido el sacerdote”.
Sin embargo, no duda en afirmar que “me quedo con lo que he aprendido a la hora de escuchar a los demás. Muchas veces crees que lo haces bien, pero no es así. Y, por supuesto, me quedo con la gente: me ha gustado conocer a personas tan estupendas”.
Un entusiasmo que la ha sorprendido, ya que “iba con una expectativa buena. Pero ha sido más positivo y enriquecedor de lo que pensaba. Pero no solo para mí: lo he comentado con otros asistentes, y sentían lo mismo que yo”, concluye.
