El seminario diocesano de Monte Corbán ha acogido en la mañana de este lunes la reunión ordinaria mensual del Consejo de arciprestes de nuestra diócesis. En el encuentro se han repasado, en una primera parte, las tareas de los arciprestazgos, mientras que en la segunda parte se ha tratado como asunto especial el de los cementerios y otros temas administrativos. Estas reuniones sirven para compartir tareas y preocupaciones de los sacerdotes diocesanos a través de sus arciprestes para, así, colaborar entre todos para lograr el buen funcionamiento de nuestra diócesis. Pero, ¿qué es el Consejo de arciprestes?
Es un órgano de carácter consultivo y pastoral que agrupa a los arciprestes —sacerdotes responsables de un arciprestazgo— para colaborar estrechamente con el obispo en el gobierno y la animación pastoral de la diócesis. Su existencia y funcionamiento suelen estar regulados por el derecho particular diocesano, en consonancia con el Código de Derecho Canónico.
Este consejo actúa como un espacio de coordinación y comunión entre las distintas zonas pastorales de la diócesis. A través de él, los arciprestes transmiten al obispo la realidad, necesidades y desafíos de las parroquias que tienen a su cargo, facilitando, así, una visión más cercana y concreta de la vida diocesana. De este modo, se favorece una toma de decisiones más ajustada a la realidad pastoral.
Entre sus funciones principales destacan: asesorar al obispo en la planificación pastoral, colaborar en la aplicación de las orientaciones y planes diocesanos; promover la coordinación entre parroquias y arciprestazgos y fomentar la formación permanente del clero. Asimismo, el Consejo de arciprestes puede servir como cauce para evaluar iniciativas pastorales, proponer mejoras y compartir buenas prácticas.
Además, este organismo contribuye a fortalecer la unidad del presbiterio, promoviendo la corresponsabilidad y el trabajo conjunto entre los sacerdotes. En definitiva, el Consejo de arciprestes es una herramienta clave para articular la acción pastoral de la diócesis, asegurando una comunicación fluida entre el obispo y las comunidades parroquiales, y favoreciendo una pastoral más coordinada, eficaz y cercana a las realidades locales.


