Este miércoles, 10 de junio, ha tenido lugar la segunda jornada de la Visita Apostólica del Papa León XIV en Cataluña.
Después de visitar por la mañana el centro penitenciario Brians 1, y la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat, a primera hora de la tarde se ha trasladado a la iglesia de San Agustín, en el barcelonés barrio de El Raval, donde ha mantenido un encuentro con las realidades de caridad y asistencia de la Archidiócesis de Barcelona. Un acto dedicado a reconocer y compartir la labor de las entidades locales que trabajan al servicio de las personas más vulnerables. Ubicada en el casco antiguo de Barcelona, la parroquia está atendida por los padres Agustinos. Junto a ella vive una comunidad de Misioneras de la Caridad, de la Madre Teresa de Calcuta, que, con la colaboración de muchos voluntarios, ayudan a los más excluidos de la sociedad.
En su intervención, el Santo Padre ha agradecido la acogida, expresando con sencillez: “aquí me siento en casa”. Uno de los momentos más tiernos se ha producido durante la intervención de Renzo. Con la naturalidad propia de un niño, le ha preguntado si le gustaba el fútbol, y si de pequeño quería ser Papa. A continuación, ha pasado a cuestiones más profundas: “¿Por qué mi papá y mi mamá están tan preocupados? ¿Por qué mi papá tiene tantos trabajos? ¿Por qué hay personas que les pasan cosas malas y a otros no? ¿De quién es la culpa?”. Otras de sus interpelaciones han sido: “¿Por qué hay tantas personas que viven en la calle? ¿Nadie los ve? ¿Nadie los ayuda? ¿Cómo podemos ayudar si el mundo es tan grande? ¿Dios quiere que haya pobres y ricos?”, o “¿Por qué hay tantos abuelos solos si son tan importantes?”.
En su intervención, el Pontífice ha respondido a las inquietudes planteadas por las distintas personas que habían intervenido, como la representante de Cáritas, o el pequeño Renzo. “Dios desea la felicidad de todos y quiere que, desde pequeños y durante toda la vida, conservemos un corazón como el de los niños: capaz de confiar, lleno de bondad; quiere que seamos sus amigos y no nos apartemos de Él. Por eso, más importante que preguntarse si uno será sacerdote, médico, maestro, padre de familia o cualquier otra cosa, es preguntarse si quiere ser amigo de Jesús”.
Ha dedicado unas palabras a los abuelos, como figuras “muy importantes en la vida de la familia (…). No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos; y, aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos. Porque, si no queremos la soledad para nosotros, tampoco debemos permitirla para los demás”. Respecto al sufrimiento, ha recordado que, “a través de la vida de Jesucristo, Dios nos muestra que, aunque haya sufrimiento, Él nunca abandona a ninguno de sus hijos, porque nos tiene preparada una alegría eterna donde ya no habrá tristezas ni dolor. Tengamos confianza, Jesús está con nosotros, nos ayuda y acompaña, y nos da fuerzas para atravesar los momentos difíciles que podamos encontrar en la vida”.
En cuanto a si debemos perdonar siempre, ha explicado que “Jesús nos dice que sí”, apuntando que “perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza, como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón”.
León XIV ha mostrado su alegría por estar en la iglesia de San Agustín. “Estar aquí abe nuestro corazón a una verdad que el santo Obispo de Hipona nos indica: ser cristianos es, ante todo, un regalo, una gracia. Cimentados en Cristo, que es la piedra viva, experimentamos la acción del Espíritu Santo, con la convicción de que todo esfuerzo realizado sinceramente para cooperar con Él en favor de nuestro prójimo será bendecido por el Padre celestial, en quien ponemos nuestra esperanza”. “El cristiano, además de ser bondadoso y amable, ha de ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás, sabiendo que en cada hermano y hermana que sufre es el mismo Señor quien pide y recibe, quien es acogido o rechazado, amado o despreciado”, ha recalcado.
Fotos: Reuters/Yara Nardi


