En la tarde de ayer la S.I.B. Catedral de Santander acogió la misa solemne por la Jornada Mundial del Enfermo, presidida por nuestro Obispo, D. Arturo Ros, y que coincide con la festividad de Nª Señora de Lourdes. Un marco perfecto para una emotiva celebración que congregó a cientos de fieles diocesanos, muchos de los cuales pertenecen a la Hospitalidad diocesana de Lourdes o participan en las actividades de la Delegación de Pastoral de la Salud.
El director del Secretariado de Pastoral de la Salud de nuestra diócesis, D. José María Salazar, compartió su emoción por esta celebración de esta jornada que, tal y como aseguró, este año presenta un carácter especial «porque el Papa León ha querido darle un tono compasivo con la lectura de la parábola del buen samaritano, en donde vemos a Jesús cómo se preocupa por cada uno de nosotros y que nos anima a ayudar a los demás a cargar con su dolor».
El presidente de la Hospitalidad diocesana de Lourdes, Aurelio Ruiz Bengochea, afirmó que para la entidad, «es un día muy especial en el que queremos cumplir lo que Nuestra Señora nos pidió, estar a sus pies. Lo celebramos con mucha alegría y emoción junto a nuestros hermanos enfermos, para que se sientan acompañados».
Escuchamos en el Evangelio la parábola del buen samaritano (Lc. 10:25-37), un relato más que oportuno para la celebración, y centro de la homilía que nuestro Obispo, D. Arturo, compartió con el pueblo fiel. «¿Quién es nuestro prójimo? Esto nos preguntamos esta tarde, nuestra gran vocación es ser buenas personas y para vivir esta santidad, preguntamos al Señor ¿qué tenemos que hacer? Para ello, Jesús propone esta parábola». Aseguró que cuando Jesús plantea esta escena tan «intensa y llamativa», podemos ver al mismo Jesús en el samaritano que atiende al hombre apaleado. Afirmó también que «estamos llamados a ser ese buen samaritano, pero también es Jesús el apaleado, que espera que nosotros seamos capaces en nuestra vida de ver el rostro de Jesús en los que sufren. Jesús se encarna en las personas enfermas, que están solas o que no tienen a nadie».
Se refirió directamente a las personas enfermas que asistieron a la celebración para decirles que «vosotros animáis nuestra fe. Tened paciencia con nosotros, porque a través de vuestra fragilidad nosotros podemos encontrarnos con el mismo Jesucristo». Agradeció también su testimonio de vida y animó a todos a tener los brazos abiertos para acoger a nuestros hermanos que más sufren «para que en nosotros encuentren compañía, acogida, consuelo, esperanza y muchas sonrisas».
Sobre Nª Sra. de Lourdes
Lourdes es una pequeña ciudad del suroeste de Francia que se convirtió en uno de los principales centros de peregrinación católica del mundo a partir de 1858. Ese año, una joven campesina de 14 años llamada Bernadette Soubirous afirmó haber visto a “una Señora” en una gruta llamada Massabielle, a orillas del río Gave.
La primera aparición ocurrió el 11 de febrero de 1858. Bernadette, de familia humilde y con poca instrucción, relató que la Señora vestía de blanco, llevaba una cinta azul en la cintura y sostenía un rosario. En total, dijo haber presenciado 18 apariciones entre febrero y julio de ese año. Durante una de ellas, la Señora le pidió que bebiera y se lavara en una fuente que aún no existía; al excavar en el suelo, Bernadette descubrió un manantial. Con el tiempo, el agua de esa fuente fue asociada con curaciones consideradas milagrosas por muchos fieles.
El 25 de marzo de 1858, la Señora se identificó con las palabras: “Yo soy la Inmaculada Concepción”, una expresión que había sido proclamada como dogma por la Iglesia solo cuatro años antes. Tras una investigación, en 1862 el obispo de Tarbes reconoció oficialmente las apariciones como dignas de fe.
Desde entonces, Lourdes atrae a millones de peregrinos cada año. El santuario construido en torno a la gruta incluye basílicas, capillas y espacios de oración, y es especialmente conocido por la acogida a personas enfermas que buscan consuelo espiritual y esperanza.




