Este lunes 11 de mayo, la iglesia parroquial de San Miguel, la localidad de Heras, ha acogido una solemne Misa funeral por los seis jóvenes que perdieron la vida en la tragedia de El Bocal el pasado 3 de marzo: Lucía, Xabier, Celia, Eunate, Lluna y Elena. Organizada por el Instituto de Formación Profesional La Granja de Heras, la celebración ha estado presidida por el vicario general, Álvaro Asensio, y concelebrada por el párroco, Alejandro Cortés.
En la misma se han hecho presentes familiares de todos los fallecidos, así como la joven Ainara, que logró salvarse en el trágico accidente, y profesores del centro. Junto con la alcaldesa de Medio Cudeyo, municipio al que pertenece el IES, han asistido la secretaria de Estado de Formación Profesional del Ministerio de Educación, el Consejero de Educación de Cantabria, y directores generales de la Consejería de Educación.
Animada por el Coro Ronda de Cayón, la Misa ha dado comienzo con una monición de entrada a cargo de una de las profesoras del centro académico.
En su homilía, el vicario ha aludido al evangelio proclamado, “una narración sobria e impresionante de la muerte de Jesús”, ya que “no hay nada que pueda iluminarnos mejor sobre el sentido cristiano de la muerte. Ni nada que nos pueda consolar tanto”, asegurando que “no hemos de avergonzarnos del consuelo de la fe”.
En alusión a la pérdida de los jóvenes de una manera tan trágica, y a tan temprana edad, dijo que “Dios no se complace en la muerte, sino en la vida” y que “no nos llama a morir, sino a vivir para siempre”. “Creemos en un Dios que por amor se ha hecho solidario del hombre en todas las consecuencias”, afirmó, hasta “compartir la misma muerte”. Y que pasó por ella “con temor y temblor, con la angustia y el lamento desesperanzado de un hombre”.
Esa actitud de Cristo, comentó, “hace a nuestro Dios profunda e íntimamente fraterno”, ya que en él “descubrimos nuestra realidad más profunda de hombres, nuestra debilidad y nuestro temor”, que es “nuestro miedo y nuestra angustia. Porque la verdad más profunda del hombre no es su fortaleza, sino su debilidad. No es su impaciencia, sino su temor y su angustia”.

Silencio y gratitud
Así pues, prosiguió, “ante la muerte de Cristo, que nos sitúa en nuestra realidad y en nuestra verdad, no cabe otra actitud que el silencio y la gratitud. Silencio porque nunca llegaremos a comprender o a poder expresar el insondable misterio de amor y de humillación que representó para Cristo el acto de morir”. Por eso, “la palabra más expresiva de Cristo es paradójicamente su silencio en la cruz. La suprema expresión del amor ofrecido a la humanidad”.
Junto con el silencio, “la gratitud. Porque a partir de la muerte de Cristo, nuestra muerte adquiere un sentido nuevo e insospechado”. “La muerte es el paso a la vida”, explicó. “Cristo resucitado, primicia de la humanidad nueva, representa el triunfo total de la vida sobre la muerte”.
Para el vicario general, “solo el Señor sabe la purificación que supone aceptar la muerte, cuando se ha vivido de una forma tan trágica. Solamente el Señor, que conoce vuestros corazones, vuestros sentimientos, sabe lo que es el sufrimiento de unos padres que ven morir a sus hijos en plena juventud”. Pero “sabemos que con Cristo también nosotros, muertos, vamos a resucitar. Por eso, en medio de esta tristeza que acompaña nuestras vidas en este momento, especialmente a los padres, los hermanos, los compañeros de estos jóvenes, tenemos que anunciar la noticia que proclama nuestra fe”. “Creemos en Jesucristo, muerto y resucitado”, remarcó. “Él es nuestra esperanza. Nuestra única esperanza. La única. No hay más. Solamente desde él cobra sentido nuestra vida y nuestra muerte”.
“Pidamos al Señor que nos ilumine a todos con la luz de la fe”, exhortó. “Realmente Jesús es el Hijo de Dios. Realmente Jesús es la vida. Realmente Jesús es la salvación. Realmente Jesús es el único que da sentido a nuestro sufrimiento. Solamente desde la fe, y viviendo esta esperanza en Cristo muerto y resucitado, sabemos que nuestro futuro definitivo no es la muerte, sino la vida”, concluyó.
