La diócesis de Astorga está acogiendo –desde el lunes y hasta el próximo miércoles- el XLIII Encuentro Interdiocesano de Pastoral de la Salud de la Provincia Eclesiástica, integrada por las diócesis de Santander, Oviedo, León y Astorga. Una cita en la que se han reunido voluntarios y agentes de pastoral para reflexionar sobre la atención integral a los mayores.
Bajo el lema Llevando el dolor del otro, el encuentro quiere rendir homenaje a la figura evangélica del Buen Samaritano, centrada en el acompañamiento y cuidado de las personas que sufren.
En la jornada de este martes, 10 de marzo, ha intervenido el delegado de Santander, José María Salazar. En su reflexión, titulada La Iglesia en el acompañamiento del mayor La sociedad anciana dentro de la cultura del descarte, ha reconocido que “nunca ha habido tantos mayores en la historia de la humanidad… y, sin embargo, nunca tantos han experimentado la soledad”.
Entre las causas del aumento del acelerado proceso de envejecimiento que vive España, ha citado el aumento de la esperanza de vida, el descenso de la natalidad, y la transformación de la estructura familiar. Además, ha señalado que “el problema no es solo demográfico”, sino “cultural. Aumenta la esperanza de vida, pero también aumentan la soledad y la invisibilidad”.
En alusión a la “cultura del descarte” del Papa Francisco, ha dicho que “cuando la sociedad mide el valor por la productividad, la vejez aparece como fracaso”. Esa cultura, ha apuntado, “es una lógica social basada en tres criterios: la productividad, o vale quien produce; la autonomía absoluta, y la juventud como ideal cultural”.

Fragilidad, invisibilidad, soledad
Para Salazar, “la vejez recuerda algo que incomoda mucho, la fragilidad. Por eso, muchas sociedades la esconden. Y, ante una cultura que idolatra la belleza, la fuerza, la rapidez, la novedad, se produce un fenómeno silencioso: el de la invisibilidad del anciano, porque representa todo lo contrario”.
El delegado de Pastoral de la Salud de Santander ha asegurado que “la mayor pobreza del anciano hoy no es la económica, sino la relacional. La soledad”. Y ha afirmado que “muchos mayores solo necesitan presencia, escucha, mirada, paciencia. Por eso, la Pastoral de la Salud es muchas veces ministerio de presencia”.
Ha recordado que esta Pastoral de la Salud tiene una misión preciosa, que es “hacer visible la ternura de Dios en la fragilidad humana”. Todo a través del acompañamiento al mayor, que consiste en “escuchar”, en ayudarles a “reconectar con la comunidad”, en “cuidar su dimensión espiritual” y en “recordarles que aún tienen misión”.
Por último, ha concluido ofreciendo tres claves a los voluntarios y agentes de esta pastoral: “el envejecimiento no es un problema a resolver sino una vocación a acompañar; la cultura del descarte se vence con la cultura del encuentro, y la Iglesia está llamada a ser hogar donde nadie sobra”.