Homilía XV Domingo del Tiempo Ordinario, por Álvaro Asensio Sagastizábal, Vicario General

Domingo XV TO Sembrador

Ilmo. Sr. D. Álvaro Asensio Sagastizabal

Álvaro Asensio Sagastizábal

Comenzamos en este domingo decimoquinto del tiempo ordinario una sección nueva en el Evangelio de San Mateo. Son las siete parábolas sobre el Reino. La que hemos escuchado hoy es la primera, que sirve de introducción, y que Jesús mismo explica y completa con su continuación en la parábola del trigo y la cizaña, que escucharemos el domingo próximo. Después continua el evangelio con dos bloques de tres y tres parábolas, que describen propiamente el Reino de Dios así como Jesús nos los presenta.

Esto es importante porque el número siete en la mentalidad hebrea tiene sentido de plenitud. El hecho de que Mateo recoja las siete parábolas en un único discurso de Jesús nos da a entender que se trata de la enseñanza completa, tal como Jesús la quiere presentar, sobre el Reino de Dios.

También es importante notar que San Mateo presenta a un Jesús que sale de su casa, se dirige hacia el mar, sube a una barca y desde ella, sentado, habla a la multitud. Esto en el lenguaje de la Iglesia primitiva tiene un significado que va más allá de lo estrictamente físico y material. Tiene un significado espiritual: es la Iglesia enviada a predicar fuera de la propia casa, del propio redil del pueblo de Israel; una Iglesia enviada a todos los pueblos. Es, como habéis notado, una Iglesia que camina, que navega, sobre el mar. El mar en la época de Jesús es el lugar del maligno, del desorden y la oscuridad, de las criaturas desconocidas que pueden hacernos daño. Este salir de casa, este predicar a los de fuera, este estar el bien y el mal juntos, es el marco de la parábola del sembrador.

El sembrador siembra por todas partes: cuando la siembra cae en buen terreno, dando fruto, y, también, cuando la semilla cae en terreno estéril, cuando, humanamente hablando, no tendría sentido sembrar.

Partimos entonces de esta visión del sembrador que siembra por todas partes. En oriente, la siembra se realizaba de forma diferente a como estamos habituados a verlo en nuestras tierras. El terreno es distinto, es muy pedregoso y esto obliga a sembrar con generosidad por todas partes y después se ara para permitir que la semilla quede enterrada y protegida bajo la tierra.

¿Esto qué nos quiere decir? Que el Buen Dios siembra, y siembra cuando nos lo merecemos y cuando no. Esparce su palabra, se da sí mismo, no mide su entrega. Somos nosotros los que contabilizamos y medimos nuestros dones.

Jesús, con este ejemplo, te dice: Dios te ama. Dios te ama cuando eres terreno bueno y Dios te ama cuando eres un terreno pedregoso. Dios te ama cuando eres capaz de acogerlo y Dios te ama cuando en relación a Él eres una losa de mármol que no permite profundizar la semilla y dar fruto.

Las cuatro tipologías de terreno de la parábola no representan tanto cuatro tipos de humanidad sino, más bien, representan cuatro actitudes nuestras: hay momentos de nuestra vida en los cuales damos fruto y alcanzamos a acoger a Dios dentro de nosotros; hay momentos en nuestra vida en que estamos cerrados o prendidos de las cosas del mundo. Estas cuatro tipologías, hermanos, nos hacen preguntarnos algo: ¿Cuánto tiempo dedicamos a la palabra de Dios? ¿Cuánto tiempo dedicamos a escuchar a Dios? ¿Cuánto tiempo dedicamos a nutrirnos de la palabra de Dios? Mirad, si no encontramos tiempo para la Palabra, quiere decir que nos importa poco. Si pensamos en nuestra vida de cada día, cuando algo nos importa encontramos tiempo para dedicarnos a ello.

Igual que para nuestro cuerpo, si no sentimos la necesidad de alimentarlo, no quiere decir que no lo necesitemos, sino que estamos enfermos, así, nuestra alma, si no sentimos la necesidad de alimentarla, no es que no lo necesite, sino que, de alguna manera, estamos enfermos por dentro, estamos presos de muchas cosas que nos apartan de Dios. No pienses sólo en tu vida física, piensa en tu corazón. No pienses sólo en las pequeñas cosas materiales de la vida, piensa en algo más grande. Tu corazón necesita algo mayor, busca respuestas plenas, tu corazón tiene sed de algo grande. Esta sed sólo puede ser saciada en la Palabra de Dios, en la persona de Jesús. ¿Cómo es tu vida? ¿Es una mezcla de bien y de mal? ¿Cómo buscas a Dios en tu vida?

Dios siembra en todas partes, Dios ama siempre. Dios siembra sin tener en cuenta el fruto que va a recibir. Dios no se deja ganar en generosidad.

 

Álvaro Asensio Sagastizábal

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