Homilía XIV Domingo del Tiempo Ordinario, por Jesús Casanueva Vázquez, vicario episcopal para el Clero

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Vicario Episcopal: Ilmo. Sr. D. Jesús Casanueva Vázquez

Jesús Casanueva Vázquez

En el evangelio de hoy, el Señor da gracias, porque las cosas de Dios las entienden mejor los que tienen un corazón sencillo y humilde.

A menudo descubrimos que, en los grandes discursos se oscurece la revelación divina, y que, en las expresiones sencillas, se manifiesta más profundamente la grandeza de Dios.

Las lecturas de este domingo se caracterizan por su sencillez. Y esa sencillez esclarece el gran amor que Dios nos ha manifestado en Cristo.

Alégrate y goza, porque llega tu rey. Así podemos resumir la primera lectura de hoy. Os invito a contemplar nuestra reunión dominical: hemos venido a la Iglesia porque llega Jesús, nuestro rey. Y lo hace con los mismos signos de las profecías: en la humildad y sencillez del pan y del vino. Este es el gran milagro de la Eucaristía: que Jesús viene a nosotros. Y nosotros respondemos con alegría y gozo: nos hemos duchado, nos hemos puesto guapos, hemos preparado nuestro exterior y también nuestro interior para dejarnos llenar de su paz y de su amor.

¿Hemos venido a misa para este acontecimiento? ¿Estamos más pendientes del qué dirán, de los modelitos, de fulanito o menganita? Centrémonos.

Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar. El evangelio de hoy nos hace esta afirmación, con la que nos deja claro que, para conocer a Dios, hay que conocer a Jesús. Pero tranquilos, si hemos dejado que Él entre en nuestras vidas como rey, Él mismo nos irá revelando su misterio. No tenemos que hacer grandes esfuerzos, sólo escuchar y amar. Eso hacía la gente sencilla con Jesús, y por eso le entendían y le amaban.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Esta última parte del evangelio es también muy reveladora: Jesús llama a los cansados y agobiados, y pretende hacerles descansar cambiando el yugo de la ley por su propio yugo. No nos llama para irnos de vacaciones con él y así descansar. Nos llama para que encontremos descanso en su amor. Descanso de tanto activismo que nos impide parar para saborear la vida. Descanso de tanta saturación de actividades, citas, relaciones, conexiones de móvil, ordenador, tv, … que nos impide gozar del silencio y de la escucha. Por así decirlo, descansar de una vida robótica en la que todo está programado, pero no hay capacidad para apasionarnos y disfrutar y vivir lo que tenemos.

Hemos sido creados para el amor, y sólo en el amor encontramos plenitud y descanso. Ese es el yugo que quiere ponernos Jesús, hacia el que el Espíritu Santo que nos habita quiere llevarnos, como hemos escuchado en la segunda lectura. Nuestro descanso está en su amor, que se nos ha revelado de forma sencilla y que hoy se hace presente en este sacramento admirable que celebramos.

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