Óscar Lavín Aja
¡No tengáis miedo!
El capítulo 10 del Evangelio según San Mateo es conocido como el Discurso Misionero. Constituye el segundo de los cinco grandes discursos que estructuran el Evangelio de Mateo (caps. 5–7; 10; 13; 18; 24–25). No es simplemente un conjunto de instrucciones prácticas para los Doce, sino una enseñanza fundamental sobre la identidad y misión de la Iglesia naciente.
En la misión, el texto que proclamamos este domingo, nos habla de tres miedos y como los podemos afrontar:
- La verdad triunfará
Nada permanecerá oculto para siempre. El Evangelio será proclamado públicamente. Por miedo al juicio o a la persecución de mil maneras sentimos la tendencia en nuestro corazón a ocultar la verdad y el amor misericordioso de Dios. Santa Teresa lo dice de esta manera la verdad padece, pero no fenece.
- Dios tiene la última palabra
Los perseguidores pueden matar el cuerpo. No pueden destruir la comunión con Dios. El anuncio del evangelio trae persecuciones y muertes. En la Iglesia del siglo XX y XXI hay más mártires que en los primeros siglos del cristianismo. En el lema episcopal de nuestro Obispo están las palabras de su abuelo mártir antes de ir a morir: estad dispuestos a perdonar. Esa capacidad no la puede eliminar ningún poder de este mundo. Hoy, cuando relatamos su martirio, la verdad de su amor y el de su familia resplandece y es luz en medio de nuestra historia. ¡Mataron su cuerpo, pero la verdad y el amor no!
- La providencia divina
Los gorriones y los cabellos contados expresan el cuidado personal de Dios. Toda la vida está en manos de Dios. Él está Todo y en todas las cosas, acontecimientos y personas. Dios lo penetra todo. Por eso los caminos de Dios nos “descoloca” nuestros caminos y criterios. Observar todo lo que pasa y lo que nos pasa con la pregunta curiosa de todo creyente: ¿cómo está Dios aquí y ahora? Y buscar a Dios y su justicia y lo demás viene por añadidura.
