Homilía VI Domingo del Tiempo Ordinario, por D. Jesús Casanueva Vázquez, Vicario Episcopal para el Clero

Vicario Episcopal: Ilmo. Sr. D. Jesús Casanueva Vázquez

D. Jesús Casanueva Vázquez

 

El Evangelio de este domingo es un discurso que Jesús dirige a sus discípulos y en el que se presenta a sí mismo como plenitud de la ley y los profetas. Cuando alguno podía pensar que con el Señor se acabaron las leyes y las normas y que viva el amor, resulta que no es así. Él ha venido a dar plenitud a la ley, que era la seña de identidad moral del pueblo de Dios, y a los profetas, cuyo mensaje siempre recordaba a los fieles que debían caminar por las sendas de los preceptos divinos.

Dios ha otorgado al hombre un don que lo sitúa por encima de todas las criaturas del mundo: la libertad. Como nos decía la primera lectura: Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera. Pero Dios ha regalado al hombre también lo necesario para orientar su libertad hacia lo que es bueno, hacia la plenitud. Ese regalo es, paradójicamente, una ley. En los mandamientos el hombre encuentra un camino seguro para llegar a Dios y vivir la vida que Él nos quiere dar. También los profetas animaban al pueblo de Israel a vivir según la ley, pues en el cumplimiento de esta se verificaba la elección humana por los caminos de Dios.

Pues bien, en el Evangelio de este domingo Jesús nos dice que ha venido a dar plenitud a la ley y a los profetas. ¿Qué nos quiere decir? Que en él encuentra el hombre todo lo necesario para vivir plenamente libre, paradójicamente, siguiendo los pasos del Señor.

La plenitud de la ley y los profetas es Cristo porque el espíritu que anima la ley y los profetas no es el de alejarnos del pecado, sino el de la libertad para amar y llenar de amor nuestro mundo.

Siguiendo a Jesús elegimos el camino del amor como camino de salvación. Un amor que no es cumplir, sino vivir. Un amor que es entrega, sacrificio, gratuidad. Un amor que mira al otro siempre.

Desde esta clave entendemos mejor que cumplimos los mandamientos para amar más y mejor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

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