Jesús Casanueva Vázquez
El evangelio de este domingo sexto de la Pascua se enmarca en el discurso de despedida de Jesús en la Última Cena. En él Jesús, ante la perspectiva de su muerte inminente, trata de animar a sus discípulos revelándoles que, aunque desaparezca su presencia física de la tierra, Él permanece en el corazón de los hombres. En el pasaje de hoy vemos tres elementos que serán claves para animar la esperanza de los apóstoles:
1. Un camino: el amor. Si me amáis guardaréis mis mandatos. Honrar la memoria de Jesús desde el amor, es decir, desde el único mandato que él nos ha dejado y que lo ha expresado con su palabra y también con su vida entregada. La nueva Alianza sellada con la sangre de Cristo sólo nos obliga a una cosa: amar.
2. Un guía: el Espíritu Santo. Yo le pediré al Padre que esté siempre con vosotros el Espíritu de la Verdad. Seguir al Jesús no es fácil. Hay que hacerlo, no como un camino espiritual que se realiza fuera del mundo, sino como una existencia profundamente arraigada en las realidades de los hombres. Muchas veces no se ve bien el camino y necesitamos un guía. El Espíritu Santo nos asistirá de un modo especial para saber por dónde nos lleva Jesús.
3. Una promesa: No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Esta promesa no es sólo escatológica, referida al final de los tiempos. También es la certeza de que Jesús camina con nosotros de un modo misterioso, alentando nuestras vidas. Esta certeza es de fe. Y no sólo eso, nos dice Jesús también: Viviréis porque yo sigo viviendo. Mientras la vida de Jesús sea conocida, celebrada y vivida en la Iglesia, no debemos tener miedo. Cuando de nuestras comunidades desaparezca la vida de Jesús, entonces ha llegado el fin.
Sin Jesús no somos nada, y con él lo somos todo. La vida de Jesús llega a nosotros por obra y gracia del Espíritu Santo, a quien el Señor a colocado como guía de su Iglesia y garante de la evangelización: así aparece reflejado en la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, donde los trabajos de Felipe son confirmados con la efusión del Espíritu con la imposición de manos de Pedro y Juan.
Así pues, hermanos, no tengamos miedo de dar razón de nuestra esperanza, animados por el Espíritu Santo, y propongamos el camino de Jesús, que es amor, con amor y para vivir en el amor.
