El buen tiempo ha hecho que en esta jornada festiva para la ciudad de Santander cientos de devotos de la Virgen del Mar se dieran cita en su isla para celebrar su fiesta.
Presididos por el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, los actos litúrgicos han dado comienzo a las 11:00 de la mañana con el traslado procesional de la imagen de la Virgen desde la parroquia de San Romana de la Llanilla hasta la campa que rodea la ermita, donde se ha celebrado la Eucaristía. Portada en andas por miembros de la Hermandad de la Virgen del Mar, la patrona ha estado acompañada en el traslado procesional por la alcaldesa de la ciudad, Gema Igual, y miembros de la Corporación municipal, que han asistido a la Eucaristía, renovando así el Voto de la Villa.

En su homilía, el prelado ha hecho alusión al Evangelio proclamado, el que relata las bodas de Caná, «donde Jesús realiza el gran signo de transformar el agua en vino. Y lo hace con discreción y humildad». Porque «María, atenta a todo, ve la necesidad de que no tienen vino». Y, es que, «la Madre siempre está atenta a las necesidades de sus hijos». «Servidora, alegre, gozosa, feliz, la Virgen María es esa mujer llena de detalles, que se entrega con generosidad. Y, ese gesto, lo convierte en confianza hacia su hijo», ha remarcado.
En este sentido, ha recordado la importancia de la confianza. «Nuestra fe se debilita. Es frágil, porque nos cuesta confiar», ha dicho. «Pero Dios y la Virgen nunca nos fallan». Por eso, ha concluido exhortando a los fieles a pedirle a María «que nos enseñe a ser humildes» y «a confiar, como Ella».