Un centenar de personas se congregaron el pasado sábado, 23 de mayo, en el Seminario de Corbán, con motivo del II Encuentro Diocesano de Consejos Pastorales Arciprestales (CPA). Organizado por la Vicaría Episcopal para la Evangelización, y con la presencia del obispo, monseñor Arturo Ros, los participantes, integrantes de los trece Consejos Arciprestales de la Diócesis, pudieron compartir otra fase de este precioso y soñado proceso puesto en marcha en el presente curso.
Hace unos días, el vicario episcopal, Óscar Lavín, recordaba que “los Consejos son órganos de participación en los cuales se articula la diócesis, por territorios y por contextos”. En este sentido, Gloria Martín, coordinadora de la secretaría de la Vicaría para la Evangelización, muestra su alegría al constatar que el reto de principio de curso va tomando forma y se va haciendo realidad, puesto que ya están constituidos los trece Consejos Arciprestales. A su juicio, la experiencia está siendo muy positiva y enriquecedora en todos los sentidos, tanto a nivel personal como arciprestal y, por lo tanto, también muy favorable para la vida diocesana.
«Desde la Vicaría para la Evangelización -comenta- se puso al servicio de la diócesis nuestra disponibilidad y asumimos el compromiso de acompañar, animar y ayudar todo lo posible. Para ello nos estamos haciendo presentes en todos los arciprestazgos. Destaca la buena acogida que estamos teniendo y el enriquecimiento mutuo al escuchar al Pueblo de Dios”.
«El proceso -señala- está en marcha, pero aún no ha llegado a su fin, ni mucho menos. Algunos de los consejos se puede decir que aún están ‘en construcción’, ya que faltan representantes de algunas parroquias que lo integran. Pero hoy han asistido de todos, y eso es muy importante», remarca.

«Sabemos -prosigue- que cada realidad precisa un ritmo, unas condiciones, unas actuaciones concretas, pero gracias a Dios, y a todos los que formamos parte de esta gran familia diocesana, se están dando las circunstancias adecuadas para poder lograrlo. Si hay algo que tenemos bien claro es que hay que armarse de paciencia y respetar los ritmos de cada uno. Como solemos matizar en nuestras visitas, sin agobios, pero sin pausa. Confiamos en que pronto puedan configurarse todos», manifiesta. «Sabemos -añade- que el reto es costoso, pero también precioso y, poniendo en manos del Señor nuestra misión y la tarea encomendada como corresponsabilidad de bautizados, todo tiene que llevar a buen puerto», afirma.
«Este proyecto -apunta- nace de una profunda actitud de oración y confianza en el Espíritu Santo, buscando siempre la gloria de Dios, a través de la escucha, del compartir y de las acciones concretas que se puedan poner en marcha para dar respuesta a las necesidades específicas de cada lugar. En la reflexión llegamos al convencimiento de que la tarea que se nos encomienda no debe realizarse desde el desánimo o los discursos negativos, sino con una actitud receptiva, gozosa y de servicio generoso, reconociendo que, aunque existan retos, el camino está lleno de bondades y esperanza, aspectos que encontramos en los fieles con los que estamos llamados a compartir este proceso.»
Un trabajo en equipo centrado en el servicio
«La raíz de toda nuestra misión -indica Gloria- es el amor a Jesucristo. Siguiendo el diálogo de Jesús con Pedro, nuestra respuesta ante el compromiso diocesano debe ser: ‘Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero’. Este amor es lo que da sentido al trabajo en los Consejos Pastorales Arciprestales, convirtiendo la tarea administrativa en un ‘sígueme’ activo que ilumina nuestra labor y nos permite caminar juntos como la voz del Pueblo de Dios».
«A lo largo de la mañana del sábado -explica-, en los momentos de reflexión por grupo de origen y mezclados, cumplimos el objetivo de compartir la experiencia vivida estos meses y pensar en acciones concretas. El espíritu de este proyecto es el de una Iglesia en salida y misionera, donde la corresponsabilidad entre laicos, religiosos y sacerdotes es fundamental. Tras analizar la realidad de nuestros distintos arciprestazgos, descubrimos puntos comunes vitales para el bien de todos».

«Uno de ellos -refiere- es la acogida y acompañamiento. Es prioritario generar grupos de escucha y espacios de acogida. Para todos, pero, especialmente para los jóvenes, los mayores que están solos y aquellos que se sienten alejados. Compartir también eventos lúdicos que ayudan al conocimiento y a la confianza. Forjar puentes intergeneracionales. Otro punto es superar el ‘parroquialismo’. Se nos invita a mirar más allá de los límites de nuestra propia parroquia, trabajando en conjunto y compartiendo recursos, talentos y formación para fortalecer la comunidad diocesana».
Un tercer punto es «la espiritualidad en los detalles. El método de conversación en el Espíritu no es solo una técnica, sino una forma de orar y discernir juntos, donde la escucha real del otro es el centro». Un cuarto, «riqueza en diversidad de dones y carismas para poner al servicio de nuestros hermanos, porque es fundamental valorarnos mutuamente y optimizar recursos».
«El trabajo en red y la coordinación» es otro de los puntos referidos por Gloria. «Es vital el trabajo interparroquial, arciprestal y diocesano, contando con el apoyo y la colaboración de delegaciones y secretariados ‘especializados’. También está la atención, ayuda y cuidado personal, porque es necesario cuidarnos y querernos; conocernos y aceptarnos, con nuestras virtudes y nuestras carencias, aportando lo mejor de cada uno para hacer el camino juntos». Y otro más es «promocionar el patrimonio cultural y artístico. Ayudará a conocer con mayor profundidad los lugares, las tradiciones y fiestas patronales (religiosidad popular); a implicarse más gente en la vida diocesana, parroquial y arciprestal».

Año Santo Lebaniego y mártires
En el encuentro de los CAP se pusieron de manifiesto dos horizontes de esperanza para nuestra diócesis: el Jubileo del Año Santo Lebaniego 2028 y el testimonio de los 80 mártires de la Diócesis de Santander que será beatificados este año.
«Miramos al futuro -dice Gloria- con ilusión ante dos hitos que marcarán nuestro camino: el Año Jubilar Lebaniego 2028 es uno de ellos. Con el lema Como yo os he amado. En el camino de la Vida, nos prepararemos para redescubrir la fuerza de la Cruz como símbolo de perdón, fraternidad y caridad. Este jubileo debe ser una gran movilización que ilumine todo el proyecto sinodal que estamos realizando».
El otro acontecimiento es la próxima beatificación de los mártires del siglo XX en Santander. «El reconocimiento del martirio de estos 80 diocesanos es un regalo que nos motiva a la paz, la reconciliación y el perdón. Su testimonio nos impulsa a ser mejores personas y testigos valientes del Evangelio en el mundo actual», asegura.
Todo ello, «sin dejar de lado el compromiso con la realidad concreta. Porque estamos llamados a pasar del ‘tenemos que hacer’ al hacer real, concretando las ideas en los ‘cómos’ específicos de cada territorio. Con realismo y paciencia, respetando las velocidades de cada comunidad, debemos avanzar con la convicción de que vale la pena el esfuerzo. La sinodalidad es un proceso apasionante de conversión donde, aunque la barca encuentre dificultades, caminamos entusiasmados por lo que Dios nos ofrece en el camino y con la seguridad plena de que Él nos acompaña y guía siempre».
Concluye exhortando: «¡Vivamos con alegría nuestra misión, dando gracias a Jesús que nos hace capaces, se fía de nosotros y nos confía este ministerio!».
