Cerca de un centenar de personas participaron este jueves, 30 de julio, en la Misa del Peregrino que se celebra en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Presidida por el vicario general de la diócesis, Álvaro Asensio, en ella concelebraron el sacerdote y periodista, Jesús Sánchez Adalid, y uno de los padres franciscanos que custodian el Monasterio donde se conserva la reliquia del Lignum Crucis.
En su homilía, el vicario se dirigió de manera especial a los “peregrinos que hoy habéis acudido a este lugar tan significativo de la Cristiandad para venerar la Cruz de nuestro Señor Jesucristo”, recordando que “hacemos este encuentro con la Cruz con lo más grande que puede ofrecer la Iglesia” que es “celebrar la Eucaristía”.
En alusión a las lecturas proclamadas, señaló que a veces tenemos imágenes equivocadas de Dios. “No son imagen del Dios cristiano”, aseguró. Por el contrario, “Dios nos crea con sus manos” y lo hace “con la suavidad con la que un alfarero maneja el barro”.
“El Señor nos sueña santos. Nos quiere felices”, dijo, y “pone a nuestra disposición los medios para rehacer nuestra vida, cuando nos equivocamos”. En este sentido, animó a los presentes a pedir al Señor que rehaga nuestra vida con su misericordia. Y a confiar en Dios. “Tu vida será feliz”, afirmó, “si te dejas modelar por el Señor”.
Para el vicario general, el reino de Dios “es algo grande, grandísimo”, aunque en él “convive la gracia y la santidad con el pecado que encontramos en nuestra vida: los pecados de las personas, que nos afectan, y nuestro propio pecado personal”. Dios, insistió, “nos da la oportunidad de cambiar y purificar nuestra vida con el sacramento del perdón”.
Por eso, exhortó a los peregrinos a aprovechar la visita “a este santuario para vivir una experiencia espiritual fuerte en el Señor, donde nos podemos tocar con el amor de Dios”.
“Vais a tener el privilegio de poder venerar la Cruz del Señor”, añadió. “Vivir ese momento como una experiencia espiritual fuerte en vuestra vida”, depositando en la Cruz las cargas, los sufrimientos, las preocupaciones… “Y, besándola, abandonaos al amor y a la misericordia de Dios. Él está con vosotros. Él os quiere regalar la vida, y la vida eterna”, concluyó.


