Eucaristía, fuente de vida y de comunidad ha sido el lema elegido por el Valle de Mena para la celebración del Corpus Christi de este año. Presididos por el párroco, Ramón Gómez, los actos litúrgicos se sucedieron por las distintas localidades y pedanías desde el jueves 4 hasta el domingo 7.
En unos sitios, con Misa solemne, como en Concejero, el viernes 5, o en Vallejo, Candonad, Villasana y Medianas, el sábado 6, en esta última parroquia, con sacramento de la Primera Comunión. En otros, con celebración de la Palabra, como en Siones, el sábado, o en la residencia de Villasana en Villanueva, y en La Presilla y Nava de Orduente, el domingo. Y, en otros, con Misa solemne y procesión. Como en Menamayor el jueves 4. O en Lorcio, el domingo 7, seguida de un recorrido procesional con el Santísimo de casi 3 kilómetros, hasta la parroquia de San Cosme y San Damián, en Ciella, donde se procedió a la reserva.
También hubo Misa solemne en Villasana. Y, como novedad, este año se recuperó la procesión con el Santísimo. Con salida desde la parroquia, ubicada en la plaza San Antonio, discurrió hasta el patio de la comunidad de las hermanas Compasionistas, donde se impartió la bendición solemne y se hizo la reserva eucarística.
Eucaristía verdadero alimento
En su homilía, el párroco recordó que “la liturgia nos invita a meditar de modo más profundo el misterio de la Eucaristía. Estamos tan acostumbrados a venir a Misa que puede ser que nos pase desapercibida la hondura de lo que celebramos cada vez que nos ponemos alrededor del altar”.
“La Eucaristía -dijo- es precisamente el recuerdo constante de hasta dónde puede llegar el amor de Dios: un amor tan radical que le lleva a entregar su vida en la cruz por nosotros y, más aún, que en la celebración cotidiana de la Eucaristía se sigue entregando por nosotros en la cruz que es el altar, siendo Palabra que nos habla y alienta y comida que nos fortalece”.
Así, exhortó a “pedirle al Señor la gracia de vivir cada Eucaristía como un encuentro con este amor tan radical, tan grande, tan inmenso por nosotros. Porque la Eucaristía es verdadero alimento. No nos quedemos en la apariencia de las formas sino vayamos al misterio que se encierra en ese pan blanco y fino, que es el mismo Dios”.
“Quien participa de la Eucaristía -añadió-, y más aún el que se alimenta de ella, entra en comunión con la vida de Jesús”. “Acercarse a comulgar implica querer vivir como vivió Él en este mundo”. “No da igual ir a Misa o no ir”, advirtió. Y concluyó invitando a los presentes a valorar “el gran regalo que se nos hace en la Eucaristía y no dejemos nunca de buscar al Señor que alrededor de su mesa nos reúne, nos habla y nos alimenta”.

