El Papa presenta a santo Toribio de Mogrovejo como modelo de obispo en salida en un tiempo de misión y reorganización eclesial

Papa sede CEE

Después de su intervención de esta mañana ante las Cortes Generales en el Congreso de los Diputados, el Papa León XIV se ha trasladado a la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), donde ha mantenido un encuentro con los arzobispos, obispos y administradores diocesanos de las distintas diócesis españolas.

A su llegada, ha sido recibido por el arzobispo presidente de la CEE, monseñor Luis Argüello; el cardenal vicepresidente, monseñor José Cobo; y el secretario general, monseñor César García Magán. Tras saludar a los cardenales miembros de la Conferencia Episcopal, se ha dirigido a la Asamblea Plenaria, donde ha sido acogido por los miembros del episcopado español.

El presidente del episcopado, monseñor Luis Argüello, ha dirigido unas palabras de bienvenida al Santo Padre, destacando “el regalo de la comunión cum Petro et sub Petro”, que “impulsa nuestro celo apostólico”, en consonancia con el deseo expresado por León XIV al inicio de su pontificado de promover una Iglesia unida, signo de comunión y fermento de reconciliación para el mundo.

Abrirse al Espíritu

El Santo Padre ha comenzado su discurso recordando que “el camino sinodal emprendido por la Iglesia es un proceso de escucha en profundidad. Ser capaces de reconocer la voz de Dios que habla a través de la comunidad eclesial, es uno de sus valores fundamentales”.

A continuación, ha propuesto a los presentes “la imagen de un viaje en el que el destino es Dios, hacia quien alzamos nuestra mirada”. En este sentido, ha citado tentaciones, como “obsesionarnos con lo que dejamos, los lugares, las cosas, las formas, sin abrirnos, en docilidad al Espíritu, a la novedad de lo que encontramos”; “la del equipaje”, que “llenamos de cosas inútiles que terminan siendo un lastre”; sin olvidar “algo que aprendemos de las vicisitudes de tantos emigrantes: una persona sola, sin raíces y sin recursos, es alguien que sufre terriblemente y que con gran dificultad puede establecer vínculos sólidos en el lugar adonde llega”.

Por eso, ha animado a “dejar estructuras que no nos ayudan, no responden o incluso nos alejan de nuestro fin, con la fortaleza de conservar como un tesoro aquello que lo facilita”. Y ha recordado “el inmenso patrimonio cristiano de vuestra tierra, la enorme capacidad de convocatoria que esa riqueza nos proporciona: con su belleza, que llega hasta el no creyente, o con los vínculos de pertenencia que ha sido capaz de tejer en la identidad espiritual de cada rincón de este amado pueblo, y que permanece presente incluso en los momentos en que su fe vacila”.

Otro tesoro es “el Pan de la Palabra y de la Eucaristía”, que “nos abren el camino de la salvación. No es un problema de cómo hacer más o menos atractiva la celebración, es sentir que, si somos parte de Él, su ausencia nos produce un desasosiego que podemos comparar con el hambre material”.

Además, ha mencionado lo que cuesta “comunicarnos con el otro”, por lo que ha pedido “que nuestro patrimonio sea siempre instrumento y oportunidad de diálogo con aquellos que encontramos en nuestro camino”.

Santo Toribio de Mogrovejo

En otro momento de su alocución, el Santo Padre ha dicho que, en el pasado, en nuestra tierra, “surgieron modelos de evangelización que después se exportaron a América y que pueden ayudarnos aquí en nuestra misión”.

“Estamos llamados a construir una nueva realidad, a través del diálogo respetuoso y el uso de nuevos lenguajes, tal como hiciera el famoso santo alfaquí de Granada, fray Hernando de Talavera, y más adelante repitiera en América santo Toribio de Mogrovejo, del que estamos celebrando el tercer centenario de la canonización, presentándolo precisamente como modelo de obispo en salida en un tiempo de misión y reorganización eclesial”.

“Los lenguajes en esta era digital son distintos y las culturas que ahora componen el mosaico de nuestras realidades, con migrantes de todas las partes del mundo, también han cambiado, pero el espíritu debe permanecer”, ha insistido.

Como puntos esenciales del espíritu, ha señalado “la capacidad de comunicar, de hablar con cada realidad presente en nuestro territorio, de abajarse no sólo para comprender, sino para compartir”. Un segundo punto es “la llamada a crear realidades capaces ellas mismas de comunicar la propia experiencia de fe. Capaces de llevar -como hizo Toribio- la experiencia de Granada a América, es decir, de atesorar en nuestro equipaje los recursos que nos permitan afrontar con franqueza los retos siempre nuevos de la evangelización en cada circunstancia”.

Teniendo en cuenta que, siempre, los procesos son “escucha, comprensión, respeto, generosidad y franqueza”, y que “es el Señor quien nos conduce”.

Principio visible de comunión

Para León XIV, los obispos “estamos llamados a ser principio visible de comunión”. “Vuestra misión os reclama custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo encomendado a vuestro cuidado”.

“Esta llamada a ser signo de comunión en Cristo, caminando en unidad y tendiendo nuestra mano al hermano que encontramos, nos pone delante de otro desafío que toca hoy el corazón de muchos: la dificultad de asumir compromisos definitivos y de tomar decisiones vitales profundas”.

La pastoral vocacional, ha indicado, “nace de comunidades vivas, de sacerdotes felices, de familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad, de una Iglesia que sabe mostrar con sencillez que seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande”. Añadiendo que “de nosotros depende que los laicos lleguen a percibir su participación en este servicio eclesial como una llamada que Dios les hace a asumir su responsabilidad como cristianos, interiorizando el espíritu”.

Y ha asegurado que “la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado. Cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación”.

España, tierra de María

En alusión a san Juan Pablo II, que llamó a España ‘tierra de María’, ha proclamado que “en la Santísima Virgen tenéis a vuestra primera compañera de camino y vuestro principal tesoro”.

“La fuerza de la Iglesia no nace de la grandeza de los medios, sino de la santidad de sus hijos, de la comunión de sus pastores, de la fidelidad humilde y perseverante de quien se deja guiar por el Espíritu”, camino en el que acompaña también san Juan de Ávila.

Pensando en los sacerdotes, ha expresado que “nuestro caminar con ellos debería trasmitir el valor de esa esencia: ser presbíteros enamorados de Cristo, radicados en la oración, fieles a la Iglesia, cercanos al pueblo y capaces de unir doctrina sólida, celo apostólico y caridad pastoral. Presbíteros que encuentren en el obispo no sólo una autoridad reconocida, sino un padre que les acompaña; y en los otros sacerdotes hermanos con los que compartir las fatigas y las alegrías de esta peregrinación llena de encuentros, en la que todos buscamos a Cristo”.

Ha concluido con la súplica: “Señor, danos tu corazón, un corazón capaz de alzar la mirada hacia ti, de ponerse en camino, de escuchar, de discernir, de servir, de corregir con caridad, de atender con paciencia y de anunciar con alegría”.

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