En colaboración con la Delegación Diocesana para la Protección de Menores, el Colegio la Anunciación de Santander ha iniciado este curso un proceso de formación continua con el deseo de fomentar una cultura de respeto y protección de la infancia, adolescencia y personas vulnerables.
A las 09:30 horas de esta mañana dio comienzo la segunda sesión formativa que, bajo el título Protegiendo las vidas que el Señor nos ha encomendado, completó la realizada el pasado 21 de mayo. En esta ocasión, también fue impartida por la hermana Mª Andrea, SCTJM, que cuenta con una dilatada experiencia en este campo.
Con un tono apasionado y lleno de verdad, fundamentado en la experiencia del Amor de Dios que nos hace a todos hijos dándonos una dignidad inviolable como personas, expuso un plan para convertir un centro educativo en un entorno seguro para los menores.
En su disertación, presentó cinco aspectos imprescindibles para hacerlo realidad: conocer las señales de alerta en el comportamiento de los adultos, realizar adecuados procesos de selección del personal, supervisar los entornos -tanto físicos como digitales-, prestar atención a las señales de comportamiento de los menores que pueden indicar que algo anómalo está sucediendo, y la necesidad de comunicar todo aquello que resulte sospechoso o inapropiado.
Al finalizar, la delegada diocesana para la Protección de Menores, Esperanza González, señaló “la necesidad de estar formados y contar con herramientas adecuadas para favorecer que nuestros alumnos refuercen su propia autoestima, dado que vienen de contextos familiares muy deteriorados y manifiestan acusadas carencias afectivas.” Al mismo tiempo, la hermana Mª Andrea recordó que esto se logra facilitando que todos tengamos experiencia del Amor de Dios, un Amor que le llevó a dar su vida por nosotros en la Cruz. Y, recordando la invitación del Papa León XIV, en su reciente visita a España, a alzar la mirada a lo alto, alzar los ojos hacia Jesús, declaró que “nuestra misión no solo es educar a nuestros alumnos para la vida, sino también educarlos para la vida eterna”.
“Tras el descanso estival, en la primera semana de septiembre, esta misma formación se ofrecerá al Colegio Miguel Bravo y Colegio Bellavista-Julio Blanco. Una misma formación, que alimentará ese necesario espíritu de comunión a la hora de caminar juntos como realidades pastorales y educativas diocesanas”, informó la delegada.

