Este lunes, 1 de junio, cerca de un centenar de sacerdotes de la diócesis de Santander se han dado cita en el monasterio de Santo Toribio de Liébana para participar en la convivencia de fin de curso. Un encuentro fraterno en torno a nuestro obispo, monseñor Arturo Ros, que ha dado comienzo con la acogida por parte de los religiosos franciscanos, custodios del Lignum Crucis. Después del café de bienvenida, los presbíteros se han trasladado al templo, donde el padre Rafael Rizo, superior de la comunidad, ha impartido una charla sobre el Año Jubilar de san Francisco que se está celebrando.
A continuación, el prelado ha presidido una Eucaristía concelebrada. En su homilía, ha mencionado su ordenación sacerdotal, de la que el pasado 29 de mayo se cumplía el 33 aniversario, asegurando que Jesucristo le sigue apasionando tanto como el primer día, y recordando que la condición de sacerdote es un regalo celestial.

“Nos situamos también en esta experiencia jubilar de san Francisco”, ha dicho. “Lo que le hace muy grande ante Dios y ante los demás es que es un hombre libre desde esa identificación total con Cristo”. Para monseñor Ros, “la libertad produce paz interior”. Por eso, ha añadido, “nuestra petición hoy a san Francisco es que nos conceda esta libertad interior”.
Se ha preguntado si en el tiempo presente es suficiente la fraternidad, o si es preciso dar un paso más hacia la caridad. “Caridad como servicio, para ejercer lo que somos. En este tiempo tan complejo, decirnos ‘hermanos’ se nos queda corto”, ha afirmado. Y ha finalizado apelando a la caridad, porque “estamos llamados a tener caridad unos con otros, desde el respeto y la alegría que conlleva”.
La jornada ha continuado con una comida fraterna. Un día para reforzar la fraternidad y dar gracias a Dios por la vocación sacerdotal en el que los presbíteros han podido lucrar la indulgencia plenaria del Año jubilar franciscano.