Este jueves, 11 de junio, concluía la novena que se ha venido desarrollando en honor a la Virgen de Valvanuz, patrona del Valle de Carriedo y de honda devoción en las villas pasiegas.
«La devoción a la Virgen de Valvanuz», explica Alejandro Rivas, presidente de la Cofradía, «se pierde en la oscuridad de los tiempos. Desde la famosa leyenda de los tiempos de la invasión musulmana. Y, tradicionalmente, ser devoto es algo que en esta zona pasa de padres a hijos«. Aunque confiesa que la devoción a la Virgen «no deja de ser una tradición que a veces es más valorada por aquellos que se han marchado fuera, ya que sigue siendo su vínculo con esta tierra. Así, que, Valvanuz junta la devoción con la tradición». «Yo soy cofrade desde niño», afirma, «aunque mis padres no son de la zona. Mi madre es manchega, así que ni tan siquiera es de Cantabria. Pero tanto yo como mis hermanos hemos nacido aquí. Y, la devoción que hemos tenido a la Virgen de Valvanuz en casa sí que es ‘culpa’ de nuestros padres».
Rendir culto y extender la devoción
Alejandro es el actual presidente de la Cofradía. «En 2014 ejercí como presidente en funciones, porque el que ostentaba el cargo, Felipe Crespo, falleció el 31 de diciembre de ese año. Y a mí me eligieron oficialmente en octubre de 2015», señala. «Nuestra Cofradía -añade- se funda oficialmente en 1971. En los años previos ya se hacía alguna cosa. Y el detonante fue un poco el abandono en el que estaba en aquel momento el santuario de Valvanuz». «En los años 60 -prosigue- se reformó el edificio, pero de una manera un tanto penosa. El santuario perdió desgraciadamente parte de su patrimonio, entre otras cosas su retablo mayor. También el retablo de santa Rita, del Cristo Crucificado, pero principalmente el retablo del altar mayor, así como el suelo del presbiterio, que era de mármol blanco, de Carrara. Se podría decir que el santuario quedó medio saqueado. Y eso motivó a la gente para fundar una Cofradía, con el fin de devolver a Valvanuz su esplendor, y que lo que había sucedido no volviera a pasar».
Para los cofrades, «nuestros principales valores son rendir culto a la Virgen de Valvanuz e intentar que se extienda y aumente la devoción a la Virgen bajo esta advocación, aunque esto último es complicado, porque de por sí ya hay una gran devoción a la patrona del Valle». Asegura que la devoción es tan grande que la Virgen siempre está presente en la vida de los habitantes de la zona. «De hecho -comenta- cuando alguien viene a la comarca y pregunta qué hay que ver, uno de los primeros sitios que se menciona es el santuario de Valvanuz». «La Virgen siempre está presente en una imagen, o en un cuadro, en las casas de los vecinos. Es una devoción bastante arraigada», insiste, «y, prueba de ello, es que el día de su fiesta, el 15 de agosto, todo el mundo pasa por el santuario para venerar a la Virgen».
Homenaje a los mayores
«La romería por excelencia en Cantabria es el 15 de agosto, en honor a la Virgen de Valvanuz», presume, encantado. «Son miles las personas que pasan a lo largo del día por el templo para visitar a la Virgen», asegura. «Además -apunta-, celebramos otras fiestas a lo largo del año. Por ejemplo, el 8 de septiembre, fecha en la que los devotos nos volvemos a reunir en torno a la Virgen para rendirle culto. Aunque no como en agosto, porque ese es un día de mucho follón». Reconoce que «esta fiesta es más sencilla. Más local. Y está caracterizada por el homenaje que, desde 1993, la Cofradía viene haciendo a los mayores. En concreto, a las personas que en ese año cumplen 90 años de edad, y que son nacidos o censados en uno de los cuatro ayuntamientos de los que es patrona la Virgen. Es un día muy bonito también, ya que a todos los homenajeados se les nombra cofrades de honor. Así que es una ceremonia muy emotiva». A estas fechas se añaden los cultos que organiza la Cofradía en Semana Santa. Y la novena que tienen en el mes de junio, y que acaba de finalizar.
Una devoción, la de la Virgen de Valvanuz, que mueve muchos corazones. «A lo largo de mi vida, he conocido a personas que le pedían a la Virgen cosas muy variadas. Lo habitual es ayuda en situaciones familiares complicadas, o en enfermedades, incluso mujeres que no podían quedarse embarazadas y querían ser madres… Y otras peticiones que no se pueden contar. Intenciones de todo tipo y condición», asevera.
Aumenta el número de devotos
A su juicio, la novena que acaba de concluir «ha estado bastante bien. En los últimos años hemos visto una ligera recuperación, un aumento en el número de devotos. Y eso que no deja de ser complicado, porque hemos comprobado que las personas que suelen acudir a la novena es gente mayor». «Gracias a Dios -confirma- se van viendo personas de mediana edad. Es cierto que hay pueblos que cada vez tienen menos vecinos, y eso influye. Pero los autobuses que ha puesto la Cofradía a disposición de los vecinos, para que puedan acudir el día que les corresponde, han ayudado bastante, sobre todo han facilitado la asistencia de personas mayores que de otra manera no podrían haber venido».
En el aumento de la afluencia de fieles a los cultos «puede haber influido también el compromiso de los párrocos de las distintas localidades. Ha habido una gran implicación por parte de todos, lo que ha derivado en una ligera recuperación de la asistencia a los cultos», indica. «En este sentido, destaca el día dedicado a la parroquia de Selaya, que fue el sábado pasado. La liturgia estuvo animada por el Coro Columba, de Quijano. Y eso le da un realce y una solemnidad a la celebración distinto al de los otros días. Ese día, y el de la clausura, suelen ser los más bonitos», declara. «Estamos muy contentos con la respuesta de los devotos a la Virgen de Valvanuz», concluye.



