Sor Mª Lourdes de Jesús, de las Clarisas de Escalante: “La Iglesia diocesana se enriquece mucho con la vida contemplativa”

Sor María Lourdes de Jesús, clarisa Escalante

El Convento de San Juan de Monte Calvario de Escalante es un edificio muy antiguo. “Su fundación data del año 1590, aunque las religiosas llegaron en 1618”. Quien así habla es sor Mª Lourdes de Jesús, una de las Clarisas que hoy habitan en este cenobio.

“Hace poco hemos celebrado los 400 años de la llegada de las monjas a este convento, que ha sido muy importante en Escalante”, explica. “La comunidad era muy numerosa. Pero, con el tiempo, fue decayendo. Por ejemplo, desde aquí fundamos un convento en Santander … el edificio estaba en la calle Alta, y lo ocupó la Tabacalera cuando las Clarisas se fueron a Villaverde de Pontones, que es donde residen en la actualidad. Pero eso diezmó nuestra comunidad. Como lo hizo el huracán que azotó Santander y destruyó la catedral, en 1941. Las hermanas estaban en la iglesia, rezando para que cesara el vendaval. Pero tenía tal intensidad que destruyó la espadaña del templo, y murieron cinco de las que estaban en el Coro, rezando”. Un trágico suceso, acaecido a mediados del siglo XX, “que dejó a la comunidad reducida. Además, cinco se fueron a reforzar a las Clarisas de Zamora. Y otras, a la comunidad de Villafrechós, de Valladolid”.

De la importancia del convento de Escalante dan fe las numerosas generaciones de jóvenes que se han formado en el colegio de las monjas. “Como había que vivir de algo -dice sor Mª Lourdes de Jesús-, se fundó un pequeño colegio, y en él recibían educación las jóvenes del pueblo y de los contornos, hasta 4º de Bachiller. Hoy son madres y abuelas, pero han sido profesoras en Santander, todas ellas muy buenas”, asegura. Un centro educativo que cerró sus puertas “cuando el Concilio Vaticano II dijo que se podían hacer trabajos propios en la comunidad. Comenzamos a realizar labores de punto, de bordado, de costura… para mantenernos. Pero tres religiosas jóvenes, que querían ser contemplativas, pero trabajando en un colegio, se fueron al de las Clarisas de Durango, en Vizcaya”.

Convento Clarisas Santander

 

Reposteras hijas de santa Clara

La comunidad de Escalante está integrada por seis hermanas, “tres jóvenes, y tres bastante mayores”, matiza. “Las jóvenes son filipinas. Una de ellas tenía vocación misionera. Era religiosa de una congregación de vida activa, pero sentía vocación contemplativa, aunque no en su propio país, sino en misión. Otra religiosa de vida activa, que nos conocía, le dijo que se pusiera en contacto con nosotras. Poco a poco nos fuimos conociendo. Nosotras temíamos el cambio, pero un padre franciscano nos dijo que la recibiéramos, y que la fuéramos formando. Así lo hicimos. Hoy esta monja ha hecho su profesión solemne, y es la abadesa”, sonríe. “Las otras dos jóvenes llegaron a través de ella, que ya las conocía. Vinieron en 2017, para hacer una convivencia de 15 días con la comunidad, en el mes de agosto, y decidieron quedarse. En la actualidad, también han hecho la profesión solemne”.

Reconoce que “las jóvenes son las que llevan el peso de la casa. También de la repostería”. Porque estas Clarisas viven de la elaboración de dulces. “Antes de la pandemia nos dedicábamos a la decoración: hacíamos colchas, cortinajes… Pero, con el Covid, las dos tiendas para las que trabajábamos nos dijeron que ya recibían la labor confeccionada, y que no podían traernos más trabajo. Como necesitábamos trabajar, nos aconsejaron que probáramos con la repostería. De hecho, las de Villaverde nos ayudaron mucho para salir adelante”.

A pesar de que son buenas reposteras, confiesa que “no cogemos muchos encargos. Hoy hemos hecho una tarta de cumpleaños, y para mañana tenemos otra. Pero no somos muchas. Y tenemos claro que, para nosotras, lo primero es la vida de comunidad. No queremos dejar la liturgia. Todas las tardes tenemos el Santísimo expuesto, y hay turnos para hacer la vela. Así que solo cogemos lo justo”.

Puntualiza que “somos Franciscanas Clarisas, hijas de santa Clara, y de nuestro padre san Francisco. Y nuestro carisma es lo más importante: en primer lugar, la fraternidad, y, en segundo lugar, la pobreza. La fraternidad es fundamental en la convivencia. Si no nos amamos unas a otras como verdaderas hermanas, ¿qué comunidad sería?”, se cuestiona. Respecto a la pobreza, recuerda que “nuestra Madre santa Clara era una gran amante de la pobreza. Ella lo dejó todo. Y nos decía que no deseáramos ni ambicionáramos nunca tesoros en la tierra, sino en el cielo”. Algo que queda patente en su austeridad de vida. “Tenemos que arreglar el convento”, confirma. “Hemos arreglado el tejado de la Iglesia y del claustro, lo más imprescindible. De momento no podemos hacer más, porque son unos gastos tremendos”.

Repostería Clarisas Escalante

Jornada Pro Orantibus

Con motivo de la Jornada Pro Orantibus, que la Iglesia celebra este domingo, manifiesta que “conviene que la gente sepa que la Iglesia tiene una vida contemplativa que está orando por la Iglesia universal. Porque hay fieles que lo desconocen. Nosotras oramos sobre todo por nuestra parroquia, por la Diócesis y por la Iglesia universal”, aclara. “La Iglesia diocesana se enriquece mucho con la vida contemplativa”, afirma. “Y los fieles saben lo que tienen en la Diócesis. Mucha gente no sabe qué es la vida contemplativa. Por eso, conviene que se conozca el sentido que tiene la vida contemplativa en la Iglesia”.

Aunque, bromea, “se mantiene la costumbre de que las novias lleven huevos a santa Clara para que haga buen tiempo el día de su boda. No sé de dónde ha salido. Antes nos traían huevos, y no los necesitábamos, porque teníamos gallinas. Pero ahora nos hacen un gran favor, porque tenemos repostería”, bromea. “Nosotras solo pedimos al Señor para que tengan un buen recuerdo de ese día. Que sean un santo matrimonio, y que sean conscientes de los compromisos que van a contraer. Agradecemos los huevos, pero no solo por traer los huevos hará buen tiempo. Nosotros se lo pedimos al Señor, pero si él quiere”, remarca.

Natural de Bilbao, sor María Lourdes de Jesús ingresó en el convento de Escalante en 1958. “Un 14 de marzo”, evoca. “Tenía 20 años. Yo quería ser contemplativa. Me dirigía con un sacerdote de la catedral de Bilbao, que me sugirió que probara en tres monasterios que él conocía. El primero de ellos no me gustó. Pero en el segundo me sentía tan a gusto, que me quedé. Ese monasterio había enviado a tres religiosas para reforzar este, de Escalante. Cuando hablé con la superiora y con la maestra de novicias para decirles lo que había decidido, me pidieron que hablara con la abadesa de Escalante, que se encontraba en aquel momento allí, haciendo un retiro. Así que hablé con ella, y me dijo que necesitaban jóvenes. Quedamos en que me escribiría, para decirme cuándo podía visitar el monasterio. Me invitó a venir el día de Reyes. Me presenté con otra compañera. Yo sabía bordar, podía sacar labores adelante, y ayudar a la comunidad. Así que me vine aquí”.

Mª Begoña Zarrabeitia en el mundo, cambió de nombre al hacer su profesión religiosa. “Yo quería mi nombre. Me gustaba. Pero había otras dos monjas que se llamaban Begoña, una de ellas la abadesa. Así que me lo cambié”. Hoy, después de casi 70 años en el convento de Escalante, afirma que “no saldría de aquí por nada del mundo”.

 

Repostería Clarisas Escalante

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