Durante esta semana, 10 sacerdotes y el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, están acompañando a los 440 peregrinos, enfermos y discapacitados que participan en la 53 peregrinación a Lourdes.
Después de 35 años de peregrinación, este es el primero en el que Pedro Miguel Rodríguez Ricondo viaja como consiliario diocesano de la Hospitalidad Diocesana de Lourdes. “Mi nombramiento es del mes de octubre pasado, así que es la primera vez que participo como consiliario”, explica.
Para este sacerdote, párroco de La Anunciación (Compañía), “Lourdes es un encuentro de fraternidad. Las tres cuartas partes de la gente que viene, repite. Quieren volver a verse, volver a estar en el santuario, volver a tener cada una de las celebraciones que se organizan en él, porque se han encontrado muy bien”.
Además, “para muchas de las personas enfermas y con discapacidad que han venido con nosotros, esta es la única posibilidad que tienen de salir. Hay enfermos que no pueden ir a ningún lado, porque nadie les saca. Y a esto se añade el hecho de que en el santuario tienen un encuentro de oración muy especial. La mayoría vive en residencias, donde no tienen la experiencia religiosa, tan intensa, que vivimos en estos días. Son gente religiosa, que quieren tener estos momentos de oración y comunitarios que se les proporciona en Lourdes”.

Espiritualidad especial
“Los peregrinos -prosigue- buscan esa espiritualidad tan especial que se vive aquí. Son como unos días de retiro. Después de haber vivido la Semana Santa, con la intensidad por lo que es la pasión y muerte del Señor, llegas aquí y sientes como la primera celebración de la Resurrección. Porque todo te está hablando de Resurrección en esta semana de Pascua. Y además está María, que es personaje central de la Resurrección. Y la vida, que se expresa a través del agua, a través del río Gave que atraviesa el santuario… El agua es vida… Y muchas celebraciones nos hablan de la vida”.
En este sentido, destaca el gesto del agua, previsto para este jueves. “La Virgen le pide a santa Bernadette que beba de esta agua. Y el agua hace referencia a la vida, y principalmente a la vida eterna. Por eso, nosotros les pedimos a los peregrinos que repitan ese gesto”.
“También buscan encontrarse con otras personas que viven lo mismo que ellos”, apunta. “Y la universalidad: no hay que olvidar que la nuestra es la primera peregrinación diocesana española, con enfermos, que viene a Lourdes, porque el santuario cierra durante el invierno, y acaba de abrir sus puertas. Estos días Lourdes está a rebosar, sobre todo de ingleses, de italianos y de sudamericanos. Y esa universalidad de la iglesia la hemos vivido, de manera muy especial, esta mañana, en la Misa Internacional que se ha celebrado en la basílica San Pío X”.

Atención y cariño
Pedro Miguel reconoce que “una de las cosas que más valoran tanto enfermos como discapacitados estos días es el estar atendidos. Siempre hay gente con ellos. En muchos casos, en sus residencias, están solos”. “Para los 60 discapacitados que han venido con nosotros -añade- también es muy importante la compañía constante de personas. Los hospitalarios nos turnamos para que nunca estén solos. Y ellos siempre tienen a alguien con quien hablar”.
Este es el caso de Jaime, joven de 32 años que tiene parálisis cerebral. “Es un forofo de El Señor de los Anillos”, sonríe Pedro Miguel. “Aunque va a un centro, se pasa mucho tiempo en la alfombra, porque no anda. Así que este viaje supone un cambio para él, y un respiro muy importante para sus padres”, asegura. Lo mismo ocurre con Elena, síndrome de Down. “Detrás de cada persona hay un mundo”, confirma.
El consiliario de la Hospitalidad indica que “también nos acompañan personas mayores que en realidad no están enfermos. Son ancianos que, de otra manera, no podrían salir de excursión, o de sus residencias. Para ellos, venir aquí es como estar en un hotel, pero todo religioso. Pero, lo que más valoran todos, es que estás con ellos a todas horas, que les hablas, que les dedicas tiempo…”.

Consiliario
Aunque es su primera peregrinación como consiliario, Pedro Miguel afirma que no ha supuesto ningún cambio para él. “Me alegra muchísimo esta nueva responsabilidad que me ha encomendado nuestro obispo”, confiesa, “porque para mí Lourdes es muy importante. Me aporta mucho poder acompañar a la gente en situación de dolor, y ver la alegría que tienen. Si es que hasta lo sienten cuando no pueden participar en la peregrinación”.
“Me encanta”, insiste. “Es una alegría grandísima poder seguir vinculado a Lourdes, como consiliario. Y la oportunidad de colaborar con la Hospitalidad de una forma distinta. Además, no puedo olvidar que mi párroco en Consolación fue Francisco Sánchez: él fue el que me invitó a venir a Lourdes por primera vez, y parece que he ido siguiendo sus pasos después, como párroco en Puente Arce o como consiliario de la Hospitalidad”.
“La misión del consiliario -recuerda- es sustentar la religiosidad de la Hospitalidad, pero es algo que hacemos entre todos. Porque, por ejemplo, estos días está con nosotros nuestro obispo”.

Emoción
Algo que es indiscutible es la ilusión con la que tanto enfermos como discapacitados viven la llegada de una nueva peregrinación al santuario de Lourdes.
“Hay un enfermo, que se llama Fidel, que el mismo día que nos vamos del santuario, dice: ‘ya queda menos para volver a Lourdes’”, evoca. “Y una señora que lleva peregrinando desde que tenía 40 años. Vive en una residencia de ancianos, y tiene una discapacidad muy importante. Pero siempre que me ve, me dice cuántos días faltan para la próxima peregrinación”.
Otro caso es el de Miguel Ángel. “Le conocí cuando era párroco de Puente Arce. Está en una residencia, y le invité a venir a Lourdes. Y cada vez que voy a verle, me dice: ya queda menos para volver… Es decir, se les ve la emoción que tienen por venir”.
Algo que no sería posible sin la colaboración de los voluntarios, muchos de ellos hospitalarios. “Hay gente joven, muy buena. Por ejemplo, unas chicas de Puente Arce, que no solo vienen a Lourdes, sino que durante el año también visitan a Miguel Ángel en su residencia”.
Porque la labor de hospitalarios y voluntarios no se limita a las tareas que realizan estos días en el santuario francés. “Tenemos actividades durante todo el año. Por ejemplo, convivencias. Y son muy bonitas, porque estas personas que van en silla de ruedas o que son paralíticos cerebrales pueden salir gracias a la Hospitalidad”, asevera.

Alégrate, llena de gracia
A dos días de terminar la peregrinación, Pedro Miguel comparte qué es lo que le gustaría que se traigan los participantes en esta 53 edición. “El lema de este año es Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Y eso es lo que quiero que se lleven de aquí. La alegría que nos da María, porque el Señor está con nosotros. Es decir: el motivo de la alegría de María es que el Señor está con ella. Y nosotros estamos pasando unos días en Lourdes felices, contentos, en comunidad… porque hemos estado con el Señor”.
Y es que, para el consiliario, “uno de los elementos esenciales de Lourdes es la Eucaristía. Lourdes no es la Virgen. El centro es la gruta. Y el centro de la gruta no es María: la Virgen está, pero en el centro vemos el altar, y el sagrario. Por eso, quisiera que se lleven la alegría de que hemos estado de fiesta, que el Señor está con nosotros, que todos los días hemos celebrado la Eucaristía, y hemos acompañado al Santísimo en la procesión o en la capilla donde está permanentemente expuesto. Que el Señor está con nosotros”, remarca.
