Padre Alejandro Salazar, OCD: “Me voy con un sentimiento de profundo agradecimiento”

Alejandro Salazar en el Ateneo de Santander

Este martes, 28 de abril, el padre Alejandro Salazar, OCD, ha regresado a su Colombia natal. Y lo ha hecho por motivos familiares, para estar más cerca de su familia. Atrás deja una comunidad parroquial -frailes y fieles- que ha estado volcada con él, y numerosos amigos. Prueba de ello han sido estos últimos días, en los que las despedidas y las muestras de afecto no le han dejado ni un minuto libre.

El pasado viernes, 24 de abril, impartió una conferencia en el Ateneo de Santander con el título La felicidad está en ti. ¡Atrévete a vivir! A modo de legado, este “carmelita descalzo” ofreció su testimonio vital, comenzando con un texto de santa Teresita del Niño Jesús: ‘Mi vida es un instante, una hora pasajera, mi vida es un momento que escapa fugitivo. Tú lo sabes, Dios mío, para amarte en la tierra no tengo más que por hoy’.

“A mí eso me gusta –dijo-, el hoy. Y me gusta mucho. Porque yo soy uno que no vive el hoy. Yo vivo siempre de prisa. Siempre de prisa. Y no disfruto el instante. Esto es lo que lo que me llama la atención de este texto”, insistió. “El hoy. El hoy de nuestra vida. El hoy de todos nosotros”. Porque, “todos nosotros queremos ser felices. Todos nosotros -remarcó- queremos en definitiva estar bien, estar felices. Y la felicidad hay que vivirla, porque Dios nos hizo para ese fin. Para estar contentos. Porque somos su obra maravillosa. Sin embargo, no lo logramos”.

Alejandro Salazar

Trayectoria vital

“Soy un chico de barrio, de Medellín”, evocó. Hijo de padres separados, cursó sus estudios “en un colegio diocesano, con curas. El rector siempre me decía que yo tenía que ir al Seminario. Lo probé, pero no me gustó. Sin embargo, cuando fui al Carmelo, me pareció una cosa maravillosa”.

De aquellos años, explicó que fue “un estudiante normal, pero muy carismático. A mí me conocía todo el colegio. Yo estaba en todo, incluso en las peleas”. Una vez terminado el colegio, no pudo cursar estudios universitarios, y se fue al Carmelo. “Al principio, por interés –reconoció-, pero luego se convirtió en una etapa muy bonita, en la que el Señor me fue moldeando con el hábito”. “Estando en el Noviciado -prosiguió- me hicieron la propuesta de ir a Roma. Y acepté”. De su etapa en Italia, mencionó algunas experiencias de aprendizaje vividas en Génova, que provocaron la risa de los presentes. “El Señor me fue ayudando -aseguró-, y yo, contento, poco a poco fue aprendiendo”.

Obispo, Consejo de Gobierno y Cabildo en Roma

Coincidiendo con el Jubileo del 2000, hizo la profesión solemne, en Roma. Y regresó a Colombia. “Estuve 5 años trabajando en la promoción vocacional. Y entonces, el General me propuso ir a Letonia”. Un año después, volvía a Roma, donde pasó “15 años muy bonitos. Maravillosos”. Entre otras tareas, le encomendaron la economía del Teresianum. “Para mí fue un reto”.

A pesar de todo, Alejandro quería ejercer como cura. Y le pidió al General un cambio de destino. “Yo quería ir a nuestra parroquia de San Pancracio, en Roma”, señaló. Pero le enviaron a Santander. “Vine en febrero del 2020, y estuve una semana. El panorama no era muy alentador, porque los padres eran muy mayores. Me recibieron con mucha ilusión”. Y, a pesar de los factores en contra, aceptó venir a Santander. De regreso en Roma para recoger sus cosas, le pilló la pandemia, con lo cual retrasó su llegada a Cantabria. “Empaqué mis cosas. Y me vine el 9 de julio de 2020. Con mucha ilusión”, afirmó.

Alejandro Salazar

Afortunado

“Yo no soy de quedarme quieto”, comentó. “Me gustan las cosas organizadas”. Y se puso manos a la obra.

se considera “afortunado, porque he podido vivir aquí 5 años. Esto es muy hermoso” pero “yo estoy aquí por vosotros, por la gente. Porque la gente me apoyó desde el minuto cero”. “Me voy con un sentimiento de profundo agradecimiento”, manifestó.

“La dicha está en el corazón, en lo que hagamos”, advirtió. “El gozo y la alegría pasan. Nosotros fuimos creados para estar alegres: en medio de los problemas, de las dificultades, de nuestros sinsabores. Para estar alegres. No sé por qué no lo somos. Yo soy feliz siendo fraile, y espero serlo hasta el final”, aseveró.

“Me voy muy contento”, incidió. “Fue muy bonito hacer iglesia. Gracias a Dios, siempre he estado muy vinculado con la diócesis. Y ha sido muy bonito” advirtió quien, en los últimos tiempos, ha sido arcipreste de un territorio con 18 parroquias. “Me he sentido uno más. Y muy querido”, concluyó, emocionado.

Alejandro Salazar

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