Este viernes, 22 de mayo, el Papa León XIV ha firmado el decreto de «martirio» del sacerdote D. Francisco González de Córdova y 79 compañeros mártires, que dieron su vida por la fe en la Diócesis de Santander entre 1936 y 1937.
El obispo de la Diócesis, monseñor Arturo Ros, ha recibido la noticia “con mucha alegría. Con paz, y gozo espiritual, porque sin la fe esto no se entiende. Es cierto que lo esperábamos, pero no sabíamos cuándo se iba a firmar el decreto. Ha sido este viernes. Ahora necesitamos un poquito de tiempo para procesar internamente esta gran noticia, y dar muchas gracias a Dios por tantas cosas”.
Para el prelado, este reconocimiento “significa que la Iglesia nos dice que oficialmente nuestros mártires están en el cielo, están contemplando el rostro del Padre y, por tanto, que tenemos 80 fieles intercesores por nuestra tierra bendita, por su gente, por el presente y el futuro. Y eso da mucha tranquilidad y mucha paz”.

Beatificación en la catedral de Santander
La firma ha sido el primer paso en el camino hacia la beatificación de estos 80 mártires. “El paso siguiente -explica- es que nos remitan la documentación y, sobre todo, que nos digan la fecha oficial para la beatificación. Y, después, por supuesto, preparar la celebración litúrgica, que tendrá lugar aquí, en Santander”.
Porque, aunque no es la primera vez que la catedral acoge una ceremonia de beatificación de mártires -en octubre de 2015 se celebró la de los cistercienses de Cóbreces- “sí que será la primera de mártires diocesanos. Como causa diocesana, ésta será la primera. Y, además, será muy numerosa”, remarca.
Aunque reconoce que “aún no tenemos la fecha. Dependerá de la disponibilidad del cardenal prefecto de las Causas de los Santos, Marcello Semeraro, que es quien presidirá la ceremonia. Pero creo que lo sabremos en pocos días”.
“En cuanto tengamos ese dato”, apunta, “lo haremos público. Para que todo el mundo lo sepa, y lo anote en la agenda. Así podremos tener tiempo para prepararnos”.

Preparación previa
A juicio del obispo, la preparación para esta ceremonia es muy importante. “Creo que son momentos en los que hay que reflexionar, rezar, y formarse. Es un proceso de preparación espiritual, a nivel de toda la vida, para este gran acontecimiento, que sin duda lo es”, incide.
Monseñor Ros asegura que, para nuestra Diócesis, “las vidas de estos 80 mártires aportan el testimonio de la fe de una forma sublime. Ellos dan la vida por la causa del Evangelio. Es verdad que el martirio es un sacrificio terrible, pero al mismo tiempo los mártires sienten ese honor de dar la sangre, de derramar la sangre por Cristo y, por tanto, el testimonio de sus vidas es Evangelio puro para nosotros”.
“Nuestra Iglesia diocesana -prosigue- cuenta con 80 nuevos intercesores. A ellos nos encomendamos ya. Lo hemos hecho siempre. Pero creo que es muy importante que podamos conocer un poco sus vidas y su testimonio. Es verdad que no tenemos una descripción biográfica completísima de todos, porque el tiempo ha pasado muy rápido y han sucedido muchas cosas desde entonces. Pero el testimonio que conocemos de ellos, de sus vidas y sobre todo de su martirio, es realmente estremecedor”, afirma.
“Todo ello nos motiva a dar gracias a Dios por poder tener intercesores con tal calado y tanta profundidad y belleza en sus vidas”, concluye.
