La catedral de Santander ha acogido esta tarde la solemne celebración de los Oficios de la Pasión de Nuestro Señor. Una sobria ceremonia que ha estado presidida por el obispo, monseñor Arturo Ros, con quien han concelebrado miembros del cabildo catedral.
En este Viernes Santo, los miembros de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén han sido los responsables de leer una de las lecturas y de realizar la colecta que, en esta jornada, está destinada a los cristianos de Tierra Santa.
El prelado ha comenzado su homilía afirmando que “en la Cruz, Jesús ha descubierto el amor extremo del Padre, y nos lo manifiesta con una compasión sin límites”. Una compasión que nos ayuda “a vivir con fortaleza la debilidad de nuestras vidas y de nuestra historia, porque sabemos que no estamos solos”.
“Esta es la Cruz que consuela y anima”, ha señalado. Por eso, “todos podemos ser curados si sentimos que sus cicatrices nos curarán. Ahora solo queda la manera de vivir con su pasión de hermano para crear la fraternidad en la que creemos”.

Entre las lecciones que nos muestra la Cruz, ha destacado la del perdón. “Una vida, la de Jesús, perdonando. Palabra pronunciada, sentida y vivida”. “Perdón y amor se identifican”, ha proseguido, porque “el que perdona es porque ama. Y el que verdaderamente ama, perdona”.
Otra lección es “la donación de una Madre”. En la Cruz, ha indicado, Jesús “también nos da una Madre. Y en Ella también nos sentimos hijos y hermanos. Y la donación sorprendente y desconcertante es entregar la vida de Jesucristo”.
Por eso, ha insistido, “la Cruz de Jesús se santifica porque en ella manifiesta su máxima expresión el amor de Dios. Si nos cuesta creer en la misericordia acogedora de Dios, contemplemos a Cristo en la Cruz”. “Él es la realidad victoriosa de la misericordia”, ha remarcado.
Para monseñor Ros, “Cristo crucificado nos ama con un amor auténtico, pleno, total. No podemos cerrarnos al amor de Dios” sino que “tenemos la responsabilidad de seguir el amor de Jesús”. Y, es que, hoy “Cristo sigue amando, perdonando, salvando”. “Hoy, solo nos sale decir desde el silencio del corazón: Perdónanos, Señor, porque no sabemos lo que hacemos”, ha concluido.
A continuación, después de las preces, ha tenido lugar la procesión con la Cruz por la nave central, para que todos los fieles puedan pasar a adorarla.
