El obispo de Santander, monseñor Arturo Ros, ha presidido esta tarde la solemne Eucaristía en la Cena del Señor en una catedral abarrotada de fieles.
El Coro Valle de Piélagos Salcedo ha sido el encargado de la parte musical de una ceremonia en la que han concelebrado los miembros del cabildo catedral, y en la que han participado miembros de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén además de una representación de las hermandades penitenciales de Santander, a quienes el prelado ha lavado los pies.
En su homilía, monseñor Ros ha recordado que en este Jueves Santo se celebra el día del amor fraterno. “Hacemos memoria -ha dicho- de cómo hemos sido y somos amados, y nos sentimos llamados a amar. Quien ha sido amado locamente, debe por eso conocer el amor”.
En este sentido, ha mencionado que los cristianos “hemos de amar como Él nos ama. Como nos está amando”, ya que sus gestos y palabras “se conmemoran siempre que celebramos la Eucaristía. Y siempre que lo hagamos, oiremos su mandamiento”. Porque “la fuerza para amar nos la da la Eucaristía”, ha afirmado.

Maestro del amor
El prelado ha explicado que Cristo es el maestro del amor, y que el cristiano tiene que distinguirse por ese amor a los demás. “Esta es la nota del bautismo nuevo: amar como Cristo, amar con su amor”.
“Solo podemos amar como Cristo -ha advertido- si Dios Padre nos da el amor de Cristo”. Pero, “Dios quiere nuestro bien. Y nos ama firmemente. Y quiere que crezcamos en amor, que nos capacitemos para amar, y seamos felices amándonos de verdad”. “Dios se alegra cuando nos amamos, y cuando el amor se transforma en servicio”, ha asegurado.
“La Eucaristía es memoria de una entrega que invita a entregarnos”, ha indicado, por lo que ha exhortado a los presentes a preguntarse si nuestra vida se corresponde con esa entrega que el Señor nos hace en la Eucaristía.
En alusión al lavatorio de los pies, ha afirmado que “es un gesto profético de Jesús. que ilumina el sentido de su pasión”. Es “signo de la ley nueva” y “Jesús nos invita a imitarlo”. Ese acto de servicio “es el ejemplo sublime, y la fuente para la vida de los discípulos”, ha remarcado.
“Nos queda claro, como discípulos pobres, humildes, convencidos, que se nos piden dos cosas, especialmente hoy: seguir al maestro celebrando la oración litúrgica de la Cena, y viviendo el servicio”. “Y en todo y siempre amar. Amar sin medida”, ha concluido.
