Este miércoles, 25 de marzo, solemnidad de la Encarnación del Señor, la catedral de la Asunción ha acogido una solemne Eucaristía en la Jornada por la Vida. Organizada por la delegación de Familia y Vida, y presidida por el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, en ella han tenido un protagonismo especial las mujeres embarazadas y los pequeños.
El prelado comenzó su homilía afirmando que “escuchar el Evangelio de la Anunciación es un regalo inmenso”, porque “es una imagen preciosa y perfecta de la grandeza de la fe”. “El Evangelio de la Anunciación –remarcó- es el Evangelio de la vida. La vemos reflejada en el rostro de María Santísima. La vemos encarnada en la promesa de Dios, en la concepción, en el seno de María de Nazaret. La vemos en la Anunciación por parte de las palabras del ángel. Es la vida rebosante. Es la vida de Dios”.
“Por la palabra de Dios –prosiguió-, creemos en la vida”. “Como es don suyo –apuntó-, regalo suyo, la vida es preciosa y sagrada en todas las situaciones, en todas las realidades”.

Celebrar la vida
“Celebrar nuestra fe es celebrar la vida”, insistió. “Para nosotros, el amor a la vida es consecuencia de nuestra fe. Por eso celebramos la fe. Y celebrar la fe es, insisto, es un canto a la vida”.
En este sentido, preguntó a los presentes si “se nota en nuestra existencia la belleza de la vida”. Algo que se puede mostrar a través de la actitud, de la forma de vivir, de acoger, de respetar, de sonreír, de servir…“ ¿Damos a Dios gracias por la vida? ¿Los demás ven en nosotros testigos de la vida?”, se cuestionó. “¿Creemos en el Dios de la vida?”, incidió. “A través de Él, aprendemos que la vida es sagrada” y “queremos vivirla desde la concepción hasta el cielo”. “Cualquier criatura tiene derecho a vivir”, aseguró. “Tiene derecho a la vida, desde el seno de la mamá hasta el cielo”.
Por eso, exhortó a dar gracias a Dios por el don de la vida. Y a pedir para que “todo el mundo tenga derecho a la vida”. En especial “por tantas criaturitas que no verán nunca la luz”, “por aquellas personas que todavía dudan, para que el Señor les ilumine y den luz”, o “por tantas personas que necesitan compañía, que les quieran, y les animen, y les ayuden, y les consuelen, y les amparen en los tramos finales de sus vidas”. Sin olvidar a “todas esas personas, tantas desgraciadamente en nuestro mundo, que no quieren vivir”. Finalizó invitando a regalar “el testimonio de nuestra vida: porque creemos, queremos vivir; porque creemos, somos felices; porque creemos, defenderemos la vida siempre”.
Al término de la Eucaristía, el obispo impartió la bendición a todas las familias, madres embarazadas y niños presentes en la celebración.
