Este sábado, 18 de julio, la lonja de Laredo ha acogido la Misa solemne organizada por la Cofradía de Pescadores San Martín en honor a su patrona, la Virgen del Carmen.
La Misa ha estado presidida por el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, quien en su homilía ha invitado a los presentes a reflexionar sobre lo que pedimos, porque “no sabemos pedir como conviene”. “No pidamos imposibles”, exhortó, “porque, cuando no sabemos pedir, es que no pedimos para el corazón”. Por eso, aconsejó que le digamos a la Madre “que nos enseñe a pedir”.
En alusión al Evangelio proclamado, la parábola del trigo y la cizaña, dijo que, “con esta parábola, Jesús quiere decirnos que Dios tiene mucha paciencia. Es paciente. Siempre es paciente”. Frente a esto, constató que “nosotros nos impacientamos, incluso muchas veces con nosotros mismos”. “Dios espera -añadió-, nos da una oportunidad tras otra. No tiene prisa”, aseguró.
En este sentido, sugirió que “tal vez podamos pedir al Señor que seamos más pacientes”. Porque “en este mundo en que vivimos, que es efectista, tiene que estar todo antes y rápido, e inmediato, y queremos tenerlo todo solucionado, y todo respondido, y todo perfecto”.
“Dios confía en nosotros”, aseveró. “Somos obra suya”. Pero, “¿tenemos paciencia?”, cuestionó. Paciencia con nosotros mismos, paciencia con Dios, y paciencia con los demás, precisó. “A veces, nuestras impaciencias nos hacen precipitarnos”, por lo que animó a “saber esperar”. Algo sobre lo que pueden dar “grandes lecciones las gentes del mar”. “Los que faenáis permanentemente, los que esperáis en casa, las familias sacrificadas”, apuntó. “¡Cuánta paciencia! ¡Cuántas peleas, cuántos esfuerzos, cuántos fracasos!”.
“La paciencia premia con la virtud”, señaló. Y María, madre de Jesús, es “madre paciente. Que acaricia a sus hijos con exquisita ternura. Y nos serena. Y nos pacifica interiormente, para que sepamos esperar”. Por ello, invitó a saber esperar. “Si sabemos pedir como nos conviene”, afirmó, “se notará en nuestras vidas la luz del Evangelio. La presencia de Dios”.
“Demos gracias a María Santísima, Madre nuestra, Virgen del Carmen, porque nos enseña a ser pacientes y a saber esperar. Y pidámosle que Ella, como estrella, como luz, nos siga guiando en los caminos de nuestra vida, para que seamos fiel reflejo de lo que el Señor espera de nosotros”, concluyó.


