Monseñor Arturo Ros: «El Papa nos ha recordado que la tradición española es eucarística»

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Cerca de 150 obispos y cardenales y 1.600 sacerdotes han concelebrado esta mañana en la Eucaristía que ha presidido el Papa León XIV en la plaza de Cibeles, en la  solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

Entre los prelados se encontraba el obispo de Santander, monseñor Arturo Ros, para quien «la Liturgia de esta mañana ha sido sencilla, pero muy bella. Estaba muy bien preparada», ha reconocido, al tiempo que aseguraba que «hemos vivido la Eucaristía«. Monseñor Ros ha destacado la homilía pronunciada por el Santo Padre, «muy sencilla, pero también bonita. En ella, el Papa nos ha recordado que la tradición española es eucaristía, y que el presente nos compromete«.

A su juicio, «el Papa está haciendo un gran bien a España» con esta Visita Apostólica «en la que está demostrando que se siente a gusto». Muestra de ello ha sido el acto que ha tenido lugar esta tarde en el Movistar Arena con el mundo de la cultura, el arte, la economía y el deporte; un encuentro para abordar cómo fortalecer los lazos de colaboración y compromiso al servicio del bien común. «Me ha gustado mucho el testimonio de Antonio Banderas. Y el de las dos deportistas, Carolina Marín y Teresa Perales. He visto al Papa contento. Nos ha recordado que la Iglesia es experta en humanidad«.

Arturo Ros Movistar Arena

 

Misa del Corpus

Esta mañana, a su llegada a la plaza de Cibeles, el Papa ha sido recibido por los Reyes, la Princesa de Asturias y la infanta Sofía, junto con el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez Almeida. Juntos le han acompañado hasta el interior del Palacio de Cibeles, en donde se le ha hecho entrega de la Llave de Oro de la ciudad. La Orquesta y Coro de la JMJ 2011, el Coro de San Juan de Ávila, la Escolanía de la JMJ y las voces blancas de la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo del Escorial y la Escolanía de la Abadía de la Santa Cruz se han encargado del acompañamiento musical durante la Eucaristía y posterior procesión con el Santísimo.

En su homilía, el Santo Padre ha comenzado recordando que «estamos reunidos en torno a la Eucaristía, el don de la presencia viva de Cristo en medio de nosotros». “Esta memoria del Señor presente en el Pan eucarístico -ha indicado- está en el corazón de vuestra fe y de la historia de vuestro pueblo. Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios”. La celebración de esta fiesta, ha dicho,no se trata de una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros, que se hace pan para nuestra hambre de vida y visita los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, también los más oscuros».

Papa procesion Corpus

«La procesión -ha añadido- dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro». En este sentido, ha señalado que «el Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados. No es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad».

“No se trata únicamente de sacar la custodia”, sino de “dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo”. Por eso, «la memoria histórica de las procesiones del Corpus Christi no se deja aprisionar por un recuerdo nostálgico; se convierte, en cambio, en una invitación para el hoy, para nuestra vida personal, para nuestras relaciones, para la sociedad, para la construcción del futuro».

En este sentido, ha lanzado “una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común».

A continuación, ha mencionado a san Manuel González, «el obispo de los sagrarios abandonados. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada sólo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día». También ha citado unos versos de san Juan de la Cruz, encarcelado en la prisión conventual de Toledo, donde «reconoce desde la noche de aquella prisión la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota», y que es «Jesús Eucaristía».

«Volvamos a Él con amor sincero«, ha exhortado. «Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría. Bebamos de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza. La gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos». Ha concluido manifestando su deseo de que «el Señor Jesús presente en la Eucaristía os haga pan partido, entregado y ofrecido, para que una vida plena pueda brotar para vosotros, para vuestras familias y para vuestro país».

Jóvenes Misa Paseo Prado

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