Este martes, 7 de abril, la gruta del santuario de Lourdes ha acogido una solemne Eucaristía presidida por el obispo de Santander, monseñor Arturo Ros. En ella han concelebrado los 12 sacerdotes, peregrinos, enfermos y discapacitados que participan en la 53 peregrinación organizada por la Hospitalidad Diocesana de Lourdes.
En esta mañana soleada en tierras francesas, el obispo ha comenzado recordando que este “es nuestro primer día completo de peregrinación”. “El primer día completo -ha dicho- podría ser el día de la fe. Es la razón por la que estamos aquí. Y, al mismo tiempo, queremos manifestarla de una forma gozosa y alegre en esta primera jornada de peregrinación”.
Para monseñor Ros, “la fe es confianza”, como se ha visto en los relatos de estos días. “Los evangelios de las apariciones de Jesús Resucitado -ha explicado- son una llamada a confiar. Es verdad que había inseguridad, incluso incredulidad en los apóstoles, en los discípulos, en las mujeres que habían acompañado a Jesús permanentemente en su vida pública… Por lo tanto, la presencia de Jesús les desconcierta. Pero el Señor les pide confianza. Y la confianza cambia la vida”. “La confianza -ha insistido- es fiarse de Él. Creer. Creer que Él está vivo”. Algo que “transforma la existencia”.

En este sentido, ha preguntado a los presentes cómo andan de confianza, porque “en esta vida nuestra, de tantas circunstancias difíciles y tantas pruebas, parece que perdemos la confianza”. “Hoy tendría que ser un día grande para nuestra fe, aquí, en Lourdes”, ha remarcado. “Para todos nosotros, diócesis de Santander, y también para los que nos acompañan de distintos lugares. Día de la fe, día de confianza”.
A continuación, ha invitado a vivir la experiencia de “pasar de las lágrimas a la alegría, de las dudas a la confianza, de la tristeza al gozo”. Para ello, “lo más importante es creer. Y de eso nunca andamos sobrados”. “Creer y confiar”, ha incidido, animando a todos a hacer un acto personal de fe. “Que, en los momentos de intimidad, de silencio, de oración, le puedas decir al Señor: ‘Señor, yo creo en ti. Yo estoy aquí porque creo en ti. Yo creo que tú vives, creo que estás resucitado, creo que me acompañas, creo que cambias mi vida’”.
“A veces -ha recordado- nuestra fe nos pide salir hacia fuera: salir de nosotros mismos, expresarla con gestos y con palabras”. “Cuando lo hacemos, cuando lo manifestamos, cuando lo sentimos, se nota en nuestra vida”, ha asegurado. “Si realmente descubrimos el don de la fe, se tiene que notar en nuestra alegría, en nuestro gozo, en nuestra manera de tratarnos unos a otros, en nuestra manera de vivir”.
Por eso, ha animado a los presentes a que se note “que somos una verdadera familia cristiana. Y que la presencia de Cristo resucitado transforma nuestra vida”. “Si en algún momento te cuesta, tienes dificultades, tienes un poco de tristeza, te faltan fuerzas, te falta ánimo, pídeselo a Ella. Que la Madre siempre está atenta a las necesidades de sus hijos, y siempre nos acompaña, nos acaricia y nos consuela”, ha concluido.
