Este jueves, 9 de abril, ha tenido lugar en el santuario mariano de Lourdes la Misa de consagración de Hospitalarios y el compromiso de los peregrinos. Una ceremonia presidida por nuestro obispo, monseñor Arturo Ros, y concelebrada por el consiliario de la Hospitalidad, Pedro Miguel Rodríguez, y los sacerdotes participantes en la 53 peregrinación diocesana.
En su homilía, monseñor Ros hizo un balance de lo meditado durante estos días en el santuario. Así, recordó que “el lunes nos proponíamos tener una actitud abierta, receptiva” y, “a ese signo de vida, acompañamos el martes, en la Misa en la Gruta, una llamada a confiar”. “Dios nos invita a hacer este acto de fe: ‘Señor, estoy aquí porque creo en ti’. Y, en las dudas, siempre viene María, que nos guía”, aseguró.
“Ayer -prosiguió- escuchábamos que Jesús sale a nuestro encuentro, y nos enciende el corazón”. “También nosotros estamos esperando, cada uno en nuestra vida, nuestro particular milagro”, dijo. “El milagro de la fe es nuestra salud y nuestra salvación”, confesó.
Para el prelado, “mirar a Dios es lo que más enriquece nuestro interior, y crea armonía en el alma”. Por eso, “cuando dudamos, cuando ponemos peros, o nos lavamos las manos, Jesús insiste: ‘Soy yo’”. En este sentido, invitó a los presentes a cuestionarse cuántas veces hay que dejar “que Jesús insista permanentemente, hasta que nosotros le acojamos con la fe”. Y apuntó que “el tesoro más sagrado de nuestra existencia es la fe”. Porque, “lo mejor que puede pasarte en tu vida es Jesús”.

Grandeza de corazón
Dirigiéndose a los Hospitalarios que iban a consagrarse, señaló que “esta es una tarde de alegría y de fiesta que compartimos con este grupo de hermanos nuestros” que van a realizar una “especial filiación, como Hijos de María Santísima, nuestra Señora de Lourdes. Hacéis esto porque queréis. Y nosotros, la Hospitalidad, hacemos esto porque creemos”.
“Este -indicó- es un paso significativo en vuestra vida, junto con el camino que habéis recorrido y el compromiso que tenéis. Y vuestra respuesta muestra la grandeza de vuestro corazón”.
Monseñor Ros mostró su gratitud a los nuevos Hospitalarios “por vuestras vidas, por vuestro testimonio, por vuestras sonrisas. Gracias por vuestro servicio, por vuestro amor a la Santísima Virgen. Gracias por vuestro caminar”. “Es verdad -añadió- que esta experiencia que todos intentamos vivir nos va dando pasos hacia el amor”. “¡Qué bien que podamos decir que creemos en Jesucristo, y que somos felices!”, concluyó.
