Reunidos en la S.I.B. Catedral de Santander, alrededor de 120 sacerdotes diocesanos han participado en una emocionante Misa Crismal, presidida por nuestro obispo, monseñor Arturo Ros, y concelebrada por el cardenal Carlos Osoro, arzobispo emérito de Madrid. Esta es una celebración solemne en la que se manifiesta de manera especial la unidad del clero con su pastor y del pueblo de Dios reunido en torno a él.
Uno de los momentos más significativos es la bendición de los santos óleos: el óleo de los catecúmenos, el óleo de los enfermos y la consagración del Santo Crisma. Estos aceites serán utilizados durante todo el año en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación, la Unción de los Enfermos y también en la ordenación de sacerdotes y obispos, así como en la dedicación de iglesias y altares. El Santo Crisma, en particular, se consagra con un rito especial que incluye la mezcla de perfume y la oración solemne del obispo.
Otro momento central de la celebración es la renovación de las promesas sacerdotales. Durante este rito, los sacerdotes presentes renuevan públicamente el compromiso que hicieron el día de su ordenación: servir fielmente a Cristo y a la Iglesia, anunciar el Evangelio y celebrar los sacramentos con dedicación. Este gesto simboliza la comunión del presbiterio con el obispo y recuerda a los fieles la misión pastoral de los sacerdotes al servicio de la comunidad cristiana.
En su homilía, nuestro obispo ha dirigido un mensaje pastoral y espiritual a una catedral repleta de sacerdotes, diáconos; seminaristas y miembros de vida consagrada, en el que ha destacado la llamada a la conversión, la misericordia de Dios y la identidad del presbítero como servidor y testigo del amor de Dios. Ha exhortado igualmente a los sacerdotes a renovar sus promesas con alegría, configurándose más estrechamente con Cristo y sirviendo al pueblo de Dios. Asimismo, ha insistido en la compasión, la gratitud y el amor como ejes del ministerio, citando a San Agustín y al Papa Francisco y ha concluido con una invocación a la Virgen Bien Aparecida y a los Santos Mártires Emeterio y Celedonio.







