Este viernes ha concluido la 53 peregrinación organizada por la Hospitalidad Diocesana de Lourdes al santuario mariano. Los 440 peregrinos que han participado en ella -entre enfermos, discapacitados, voluntarios y hospitalarios- han regresado esta tarde a sus hogares.
La mañana comenzaba a los pies de la Virgen, en tierras francesas, con la Misa del envío presidida por el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros. En su homilía, el prelado explicó que “celebramos esta Eucaristía para dar gracias a Dios por esta experiencia de meditación, y también para bendecir especialmente a los que vais a recibir el sacramento de la Unción de enfermos”. Recordó que la recepción de un sacramento “exige una apertura de corazón. Tener un corazón agradecido, porque el Señor viene a nosotros a través de la Eucaristía”.

A continuación, animó a los presentes a preguntarse cómo había sido su experiencia de los días vividos en el santuario. “¿Hemos aprendido algo? ¿Qué nos llevamos? ¿Cómo lo vamos a vivir después?”, les cuestionó. “La peregrinación -afirmó- es, sin duda, una experiencia de fe para todos”. Por eso, añadió, “¿qué va a acontecer en tu vida a partir de hoy, cuando lleguemos a casa?”.
“Volvemos a nuestra tarea cotidiana, a nuestras casas, a nuestra vida”, dijo, “pero lo hacemos llevando a Jesús con nosotros. La ausencia de Jesús es el vacío. Pero, cuando está Jesús, no falta nada”. Por eso, advirtió, “si queremos vivir según los frutos de la experiencia espiritual de esta peregrinación a Lourdes, hagámoslo viviendo siempre en la presencia de Jesús”.
“Demos gracias a Dios por tantas cosas que nos hace ver y experimentar. Y ofrezcamos en nuestro corazón vivir permanentemente en su presencia”, concluyó.
