Este martes, 30 de junio, dará comienzo el ciclo musical organizado para conmemorar el 50 aniversario del Archivo Catedralicio y Diocesano de Santander. “Fue un 6 de junio de 1976 cuando el entonces obispo de Santander, monseñor Juan Antonio del Val, firmaba el decreto de erección canónica de lo que hoy es el Archivo Catedralicio y Diocesano”, explica Lola Gutiérrez, técnico archivera que lleva más de dos décadas al frente del mismo. “Su puesta en marcha se debió al sacerdote Antonio Niceas, quien en 1972 comenzó a recorrer las parroquias para recoger imágenes, objetos litúrgicos y otras piezas muebles que estaban en desuso, pero con cierto valor histórico y artístico, con el fin de trasladarlas al Museo Diocesano de Santillana del Mar, para que no se perdieran a consecuencia del éxodo rural. También los archivos con libros sacramentales y otros documentos”.
“La Conferencia Episcopal Española -comenta- había hecho un llamamiento para recoger ese material, debido a la despoblación y al riesgo de que desapareciera el patrimonio artístico. Por eso, animó a la creación de museos diocesanos y archivos para concentrar fondos históricos de parroquias”.
En la diócesis de Santander, prosigue, “se creó un archivo diocesano, centrado en Santillana. Las hermanas clarisas del convento Regina Coeli asumieron el trabajo de custodiar la documentación que iba llegando. Contaron con la ayuda de Manuel Vaquerizo Gil, director del Archivo Histórico Provincial, y de su ayudante, Agustín Rodríguez. Además de dar pautas a las monjas, las ayudaron en la descripción de alguna documentación difícil, por ejemplo, de carácter civil”. Porque, además de lo sacramental o lo puramente eclesiástico, “el Archivo contenía documentos civiles procedentes de los antiguos Concejos de los pueblos que, por tradición, se reunían en el pórtico del templo, o en la plaza de la iglesia. Sus archivos se tenían que conservar en una caja o arca, en lugar sagrado. Y parece ser que había tradición de ponerlo debajo del altar”.
Microfilmación y traslado
“Las monjas -continúa Lola- abrieron una sala, con cuatro puestos de investigación. Tenían unos 200 metros lineales de documentación. Se encargaban de la recepción, identificación y descripción de los documentos, además de su gestión y custodia, o la restauración de aquellos que lo necesitaran. Y atendían directamente al público”.
En la década de los 80 “hubo una colaboración entre la diócesis de Santander y la Sociedad Genealógica de Utah. Esta última microfilmó los documentos sacramentales y, a cambio, la diócesis recibió una copia de los libros en rollos de microfilm. En el edificio del Cabildo de la catedral de Santander se abrió una sala de microfilm para la consulta de esos documentos. Y tuvo una acogida muy buena, porque permitía que la gente pudiera hacer consultas directas sobre los documentos en Santillana del Mar, de forma presencial, o en Santander, con las copias microfilmadas”.
Cuando las clarisas tuvieron que cambiarse de convento, en 2008, el Archivo se trasladó de forma temporal al Seminario diocesano de Monte Corbán. Una década después, en 2018, estando en el ministerio de Fomento el político cántabro Íñigo de la Serna, “se presentó el proyecto de construcción del actual Archivo a un concurso de subvenciones del 1,5% cultural, que consistía en la rehabilitación de edificios históricos para uso cultural. Y lo concedieron. Así que se iniciaron las obras, y se trasladó aquí el Archivo”.
Ubicado en la Catedral de Santander, se accede por la calle Obispo Juan Plaza García. Ocupa dos plantas en las renovadas dependencias capitulares que permiten la unificación del Archivo Catedralicio con el Archivo Diocesano.
“Se inauguró en abril de 2021”, señala Lola. “Y su objetivo es conservar y custodiar documentación, para uso de la institución que la produce. Y, cuando se convierte en histórica, para servicio a la cultura y a la mejora de la sociedad”. Cuenta con una sala con 9 puestos para consultas presenciales, “solo de fondos históricos, que son aquellos que tienen más de 100 años”, puntualiza. Dispone, además, de uno de los mejores escáneres que hay en el mercado. “Hay una persona voluntaria que nos ayuda en la tarea de escanear documentos”, lo que permite “que en sala no saquemos los libros, que así quedan preservados; que se pueda compartir un archivo digital; y que podamos acceder de forma más rápida al documento cuando nos piden búsquedas”.
Porque las consultas también se pueden hacer en modalidad online. “El servicio a distancia existe, aunque es más lento. El usuario no accede directamente a la documentación, sino a través de nuestras búsquedas”.
De la Abadía de los Cuerpos Santos a la Catedral
“El Archivo Catedralicio y Diocesano de Santander -apunta Lola- contiene documentación desde el siglo X. También hay del siglo XIII, perteneciente a la Abadía de San Emeterio y San Celedonio, hasta su desaparición, cuando el monasterio pasó a ser catedral en 1754. Con la erección de la catedral se constituye el fondo del Cabildo, dentro del cual se conservan varios archivos particulares de sacerdotes, y de los mártires. Por ejemplo, el legado de González de Córdova”.
“Por su antigüedad -añade-, destacan los pergaminos de los siglos XIII al siglo XV que pertenecen a la iglesia colegial de los Cuerpos Santos. Son valiosos por la información que tienen, pero sobre todo por el soporte, que no es papel. Hay 142 pergaminos de la Iglesia Colegial, y 30 de cuando se erige en catedral. A eso hay que sumar todas las actas del Cabildo, tanto de la Colegial como de la catedral. Algún libro de cuentas de fábrica, estatutos… información de las rentas que cobraba el Cabildo hasta la época moderna. Libros de cuentas, de contribuciones…”.
“El diocesano -confiesa- es un archivo de concentración de fondos parroquiales, ya que contiene los fondos de muchas de las parroquias de la diócesis, también los de aquellas que han desaparecido, o de las que se han unificado. Hay documentación sacramental, contable, escrituras de patrimonio, de propiedades, donaciones, de aniversarios, fundaciones de escuelas de primeras letras, expedientes de dotar doncellas, documentación de cofradías”. Lo más antiguo que se conserva pertenece a la abadía de Santa Juliana y se remonta al siglo X. Se trata de varias escrituras entre particulares y el abad, y están realizadas en pergamino.
Otro fondo destacado es el “del monasterio de Santo Toribio de Liébana. Contiene documentación del siglo XV, XVI y XVII que testimonia la celebración de los años jubilares, y la asistencia de peregrinos al monasterio para venerar la Cruz”.
Pero es un archivo diocesano atípico, ya que “no contiene documentación del propio Obispado. Fue erigido en 1754, pero todo se perdió en el incendio de 1941”. Para evitar que eso vuelva a suceder, “los depósitos de documentación están preparados, siguiendo los estándares internacionales recomendados para este tipo de documentos. Eso significa que tanto la temperatura como la humedad están controladas. Y, como son máquinas, por si fallan, hay un sistema de detección de fuego o humo, y otro de intrusos”.
Proyectos actuales
Lola reconoce que, con la Ley de Memoria Histórica, “nos ha desbordado la avalancha de peticiones de personas que querían datos de sus antepasados. El Registro Civil en España empieza en 1871, así que las solicitudes de datos anteriores nos las han remitido a nosotros. Hemos intentado responder, pero nuestro trabajo no solo consiste en eso”, afirma. Esa tarea continúa en la actualidad, aunque ahora “piden más certificados digitales, sin certificación manuscrita”.
Además de la recepción de nuevos documentos, su descripción, digitalización, y la atención de consultas, en el Archivo se está trabajando en la elaboración de índices de registros sacramentales de bautizados. “Hemos empezado con las cinco parroquias históricas de la ciudad de Santander”, indica Lola. “Poco a poco, intentaremos hacerlo extensivo para todas las parroquias de la diócesis. Eso permitirá que la gente pueda consultar, a través de la web, los nombres, apellidos y lugares de las personas bautizadas. Luego, si quieren el dato concreto, nos lo tendrían que pedir”.
Documentos todos ellos históricos que se pueden consultar sin problema, “ya que los actuales están sometidos a la Ley de Protección de Datos. Aunque intentamos ayudar a la gente. Entendemos que los archivos tienen que ser accesibles. Y que ahora están muy de moda los árboles genealógicos”, concluye sonriente.



