Este domingo, 22 de marzo, la Iglesia celebra el Día del Seminario. Este año, con el lema Deja tus redes y sígueme.
Juanjo Conde y José Luis Sanabria son dos jóvenes de nuestra diócesis que, en un momento de su vida, oyeron esa invitación del Señor que les llamaba y, dejándolo todo, decidieron seguirle. El recorrido de Juanjo ha sido más amplio, ya que ha sido ordenado diácono y este año está viviendo su etapa pastoral, a la espera de la ordenación presbiteral el próximo 26 de abril. Para José Luis, está comenzando, pues se encuentra en la denominada etapa propedéutica o de discernimiento de la vocación antes de iniciar los estudios de Filosofía y Teología.
“La vocación”, explica Juanjo, “surge a veces de un modo imprevisto: en una idea, en un sentimiento que muchos jóvenes sienten… A veces te fijas en algún cura, o en cosas que te tocan en tu propia vida. Y tiene un proceso: hablas con un sacerdote, porque empiezas a plantearte de modo muy vago cosas que van pasando por el corazón. Y creo que esto sucede en todas las vocaciones: cómo el Padre va tocando el corazón de cada uno, y en pequeñas ideas, en pequeños sentimientos, poco a poco se va forjando esa vocación, hasta llegar al Seminario”.
Con motivo de la campaña, la Subcomisión Episcopal para los Seminarios ha estrenado este año la web 4pm.es, tomada del Evangelio de Juan: eran las 4 de la tarde la hora que Juan recuerda, porque fue cuando decidió quedarse con Jesús. Una página que va a intentar ofrecer respuestas a las preguntas y acompañamiento a las personas que sienten la llamada.
“Así como Juan se acuerda perfectamente del momento y de la hora exacta –explica José Luis-, la Subcomisión nos quiere presentar a través de esta web la manera en la cual podemos tener algún recuerdo, alguna visión exacta de en qué momento Dios nos está llamando y a qué nos está llamando, especialmente a nosotros, los que nos queremos entregar al Señor, y que estamos dispuestos a dejarlo todo para seguirlo”.
En este marco, Juanjo Conde vive estas semanas previas a su ordenación “preparando todo lo necesario para la ordenación y la primera misa, aunque con cierto temblor y respeto por el gran paso que voy a dar en la gran encomienda que la Iglesia, a través de la ordenación, me va a dar, y que no deja de ser una gran responsabilidad, pero sabiendo que es el Señor el que llama y que Él guiará los pasos en este camino”.
Un camino que imagina “con ilusión, porque por primera vez presidiré la Eucaristía, algo para lo que me he venido preparando durante años. En muchos momentos he soñado con el momento de la ordenación, y ahora, cuando estás tan cerca, me parece como que es muy pronto. No tengo demasiadas expectativas, simplemente voy a dejarme sorprender por lo que el Señor me vaya poniendo en cada momento, porque sé que siempre será mejor que lo que yo pueda pensar”.

Procesos distintos
José Luis evoca esa llamada del Señor en su vida, indicando que, en cada persona, “son procesos muy distintos. En mi caso personal, me acuerdo perfectamente, fue a raíz de un retiro. Ahí empezó mi proceso de conversión. Empecé a unirme mucho más al Señor. Y, de un momento a otro, empezó a llegar esa duda de ¿qué quiere el Señor de mí?, ¿qué quiere el Señor para mi vida? Yo soy de Colombia, y estaba muy cómodo, tenía un trabajo, y estaba contento. Y cuando empecé a sentir que el Señor me estaba llamando y me empecé a abandonar en Él, a orar y a pedirle al Señor que me ayudara, que me iluminara, sentí que el Señor me llamaba al sacerdocio. Entonces supe que era muy importante acudir a un guía espiritual, a un sacerdote referencia que me pudiera ayudar a vislumbrar si ese era mi camino, o no”.
En esa situación, “me acerqué a mi párroco, que me ayudó en todo este proceso. Me acompañó durante mucho tiempo, me habló de la vocación, de la santidad, de las vocaciones específicas… Y me planteé intentarlo ingresando en el Seminario. En medio de esto surgió la posibilidad de venir a España: de dejarlo todo, casa, amigos, familia, trabajo, comodidades, absolutamente todo, para estar aquí, en esta tierra de misión. Porque España es una tierra preciosa, con mucha sed de Dios”.
Ocho meses después de haber dado ese paso, no se arrepiente. “El Señor siempre me ha acompañado y me ha mostrado su amor y su misericordia. Para mí, ha sido un proceso muy grato decirle que sí al Señor y dejarlo todo para seguirle”. Aunque “es un camino que está empezando. Estoy dando estos primeros pasos, pero abandonado en la voluntad del Señor. Que sea lo que Él quiera”.
Juanjo concluye animando a aquellos que sienten la llamada del Señor “a que no tengan miedo, a pesar de las dudas y de los temores que puedan surgir. Que prueben, que caminen, y ya veremos qué les pasa, a dónde les lleva el Señor. A veces hay que lanzarse en la vida, hay que probar. El Señor nunca les va a defraudar. Si esta es su vocación, van a ser plenamente felices”.