Mañana, jueves 4 de junio, concluye la peregrinación de la Unidad Pastoral Virgen de la Barquera al santuario mariano de Fátima. Un viaje que comenzó el pasado 1 de junio y en el que participan un total de 51 personas de parroquias de la zona.
Como explica el párroco de Virgen de la Barquera, Juan Jaramillo, que les acompaña en este viaje, “estamos viviendo unos días muy intensos de oración, de conocimiento de las apariciones de la Virgen, en un ambiente de reflexión, de acudir a los sacramentos… Y, sobre todo haciendo una experiencia profunda del amor de Dios, que nos viene por María”.
“El primer día -comenta- hemos llegado por la tarde directos al hotel. Y, después de la cena, hemos participado en el rosario internacional. Seis de nuestros peregrinos han podido llevar las andas de la Virgen durante un trayecto alrededor de la explanada del santuario. Nos pidieron que fueran seis mujeres. Y estaban muy emocionadas, porque han cargado la imagen de la Virgen de Fátima, y no se lo podían creer. Fue un momento muy potente para ellas, y para todo el grupo”. Además, prosigue, “una de nuestras peregrinas rezó el tercer misterio del rosario, en español”.

Al día siguiente, martes, “hemos profundizado en la espiritualidad de Fátima, los mensajes y la llamada constante que hace la Virgen desde Fátima a rezar el rosario. Fue una mañana muy bonita, como de retino, que concluía con una llamada de esperanza, porque el tercer mensaje de la Virgen fue que su Corazón reinará en el mundo. Se trata de un mensaje de esperanza, que se cumplirá cuando nos convirtamos y todo el mundo se consagre al corazón inmaculado de María”, asegura.
“Ese mismo día -apunta-, por la tarde, visitamos el Museo del Santuario donde se pueden ver las reliquias y joyas que han recibido a lo largo de los tiempos, por ejemplo, las que han donado los Papas. Y luego fuimos a un museo que han abierto con motivo del centenario de las apariciones de la Virgen a sor Lucía, en Pontevedra. La Virgen le hizo una promesa para quienes celebren los cinco sábados a María, con Misa, rezo del rosario y confesión. María dijo que es una práctica segura de espiritualidad”. “Esa tarde -añade- hemos oído Misa en español, porque todos los días, a las 7:15, se celebra una Misa en español. Y, después de la cena, hemos asistido al rosario con las antorchas y la procesión alrededor de la explanada del santuario”.
Este miércoles será la última jornada que pasen en el santuario portugués. “Hemos ido al Vía Crucis, y al pueblo de los Pastorcitos. A mitad del camino encontramos el lugar de la aparición del ángel, en 1916. Se conoce como ‘de la cabeza’ el sitio donde el ángel se les apareció con un cáliz y las sagradas formas, y les dio la comunión, además de enseñarles una oración de adoración: ‘¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman’. Hemos revivido ese momento eucarístico antes de continuar con el Vía Crucis. Después hemos ido a la casa de los Pastorcitos, en Aljustrel, y en el pozo de Arneiro, donde tuvo la segunda aparición del ángel, todo el grupo ha hecho la consagración al Corazón Inmaculado de María”.

“Esta tarde -indica- iremos al Cenáculo de la madre Elvira, fundación italiana que ayuda a jóvenes con problemas de adicción, y los rehabilitan por medio de la oración y el trabajo. Ofrecen unos testimonios muy potentes de conversión. Y concluiremos el día, con Misa, cena y rosario, como todas las noches”.
Jaramillo insiste en remarcar que “la gente está haciendo una experiencia profunda de Dios por medio de la Santísima Virgen María. María nos lleva a Jesús. Todo en Fátima nos habla de Jesucristo: la conversión, la oración, la Misa, la penitencia, el sacerdocio… Nos invita a centrarnos en lo importante”, Además, señala, “la sencillez que hay en Fátima es otro punto destacado por los peregrinos, que vienen a encontrar la presencia de Dios en medio de la sencillez”.
“Mañana regresamos, con las mochilas llenas de la experiencia de Dios. Pero, como me dice algún peregrino, ‘ahora necesito tiempo para meditar y para que todo esto me cale, para digerirlo, y poder vivirlo’. ¡Qué bonito cuando se vive así!”, concluye.
