Ser cofrade, una vocación es el título del Pregón de la Semana Santa de Santander que impartió este sábado el comunicador sevillano Juan Carlos Gallardo.
El acto, organizado por la Junta General de Cofradías Penitenciales de Santander, tuvo lugar en una abarrotada catedral. Junto con el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, estuvieron el delegado de Cofradías, Pedro Miguel Sisniega, y el prior del santuario de la Bien Aparecida, padre Miguel Vicente Basterra. Además, asistieron numerosas autoridades civiles y militares, entre ellas la presidenta del Parlamento de Cantabria, María José González, y algunos diputados; el senador Severiano Cuesta, el diputado del Congreso Javier Noriega; el concejal de Turismo del Ayuntamiento de Santander, Francisco Arias, el coronel Emiliano Blanco, el comandante naval Jorge Hernández y el cónsul de Ucrania Arturo González.
Ser cofrade es una vocación
El pregonero comenzó su disertación recordando que “la madrugada del Viernes Santo desde mi más tierna infancia ha marcado y sigue marcando mi vida cofrade”. Acompañado de su familia, y con 6 años de edad, desfilaba como nazareno integrado en el cortejo del paso de la Virgen de la Esperanza de su Sevilla natal. “En la próxima madrugada del Viernes Santo volveré a revestirme con el hábito de terciopelo verde y de capa blanca, acompañando a mi Virgen de la Esperanza por las calles de Sevilla”, aseguró, “daré gracias a Dios, y rezaré un padre nuestro por Santander, por Sevilla y por España”.
“De los únicos méritos que me honro –dijo- son el de ser un enfervorizado cofrade desde que tengo uso de razón, ser un hombre de hermandades desde niño, ser un admirador y seguidor de Jesucristo”. Porque, afirmó, “ser cofrade es una vocación. El cofrade posee una señalada ascendencia en la búsqueda de reunir todas las fuerzas y sentimientos en su interior”.
“Las hermandades –explicó- nos aportan la fe que tanto necesitamos, que nos hace falta, y que tanto hemos de manifestar”. “Tenemos que seguir dando ejemplo de lo mucho importante que realizamos los cofrades”, insistió, “evangelizando a nuestros hijos, educándolos en la fe, en el respeto y en los valores cristianos, y siendo respetuosos y condescendientes con el resto de la sociedad”. Todo ello, sin olvidar “seguir pidiéndole a Dios y a su bendita madre que nos sigan llevando de la mano”.

Tradición cercana a cinco siglos de vida
En su disertación, hizo alusión a la nueva cofradía “que se estrena en esta Semana Santa con el paso del Prendimiento”, porque, en el momento actual, tener nuevas hermandades, “es una bendición de Dios”.
“Las raíces históricas de vuestras cofradías –señaló- poseen raigambre, constituyen una tradición cercana a cinco siglos de vida. La Semana Santa de Santander a lo largo de su historia ha pasado por difíciles momentos, demostrando que es indeleble”. “Cofrades del presente –exhortó-, abrid vuestros ojos, como hicieron hace años vuestros antepasados”.
“Para el cofrade –advirtió-, las imágenes son el alma de nuestras devociones. A través del orbe católico, el pueblo devoto siempre ha traspasado los templos para postrarse en los iconos de madera y rezarles a esos foros abiertos, esos que nos ofrecen la transpiración y unción sagrada”.
En las imágenes, añadió, “descansan nuestros sueños, nuestras alegrías, nuestros desvelos, nuestras esperanzas y desesperanzas. Y ante sus plantas comprendemos que son la luz de la vida que tantas veces nos falta, y ante ellas tenemos la certeza que siempre quedará una luz encendida cuando todas las luces se apagan”.
Manifestación pública de fe
Para el orador, “la Semana Santa es la manifestación pública de nuestra fe. Es la semana grande de los cristianos, es la ilusión del reencuentro, es la conmemoración de la pasión vivida de forma apasionada. Es cuando los sentimientos están a flor de piel y cuando están más cerca de los sentidos; es cuando las ciudades están repletas de espiritualidad, de la gracia y del fervor religioso”.

A continuación, hizo un recorrido por la Semana Santa de Santander. Mencionó el Domingo de Ramos, con su procesión infantil de la tarde, “cantera, semillero y germen, inculcando las tradiciones y los valores religiosos a las nuevas generaciones con los pequeños infantes, asegurando el futuro de la Semana Santa santanderina”. O la llegada de la Virgen de la Esperanza hasta Valdecilla, en el Lunes Santo, para “aliviar el dolor y ofrecer amparo divino, dar fuerza a los pacientes y familiares en esos difíciles momentos de sus vidas, ofreciendo consuelo y esperanza”.
Prosiguió con “las cofradías de la Inmaculada y de la Pasión” que, en el Martes Santo, “protagonizarán a los pies de la iglesia de la Anunciación la procesión emocionante del Encuentro. La Virgen Dolorosa de la Amargura desconsolada clavará su mirada sobre su hijo sencillo, humilde y sereno”. O la cofradía de la Merced, en el Miércoles Santo, que “celebra la procesión del Perdón y el Silencio”, destacando que, “a la media noche, en el claustro catedralicio, se ofrecerá una estampa de otra época. Un sepulcral silencio envolverá a la procesión de la Santa Misericordia con su Cristo crucificado. Avanzará lentamente a hombros de sus hermanos revestidos de hábitos negros en un acto íntimo repleto de fervor y recogimiento”.
“La tarde del Jueves Santo –continuó- se colmará de la procesión de Veracruz y pasión del Señor. A la medianoche, las puertas de la parroquia de Consolación se abrirán en sus entrañas para dejar paso a los brazos abiertos del Santísimo Cristo de la Paz. Las campanas irán despertando la noche dormida” mientras “las húmedas y frías calles serán umbral de su muerte que querrá dejar estela de oscuridad y solemnidad a su paso”. “Observaremos a Cristo en el día del Amor fraterno –invitó-, permaneciendo cerca de él y todo envuelto en el halo de los sones del canto de la coral. Entrañable sensación de acompañar a Jesús en la noche llamada madrugada del Viernes Santo. No tengamos prisa. Junto a él, el tiempo tiene sabor de eternidad”.
Del Viernes Santo, resaltó el Viacrucis de la mañana y la ceremonia del Descendimiento. “Día grande de procesión general del Santo Entierro». Al día siguiente, Sábado Santo, «cuando aún no ha roto el amanecer, partirá la íntima procesión de la Soledad envuelta en la melancolía del final, cuando el Señor estará ya durmiendo su muerte y esperando su resurrección”.

En el Sábado Santo, “tendremos la desacertada, triste y melancólica sensación de que se nos ha escapado nuestra Semana Santa, que se nos ha evadido casi sin darnos cuenta, sin que la hayamos disfrutado con la intensidad que hubiésemos querido. Y empezaremos a reconfortarnos en la Pascua de la Resurrección, con la procesión del Resucitado y el Encuentro con la Virgen Inmaculada Gloriosa, buscando y evocando las sensaciones de los sonidos y los aromas que se fueron y dejaron impregnadas nuestras almas”.
Hermandad
“Los cofrades –indicó- vivimos nuestra religión y nuestro cristianismo según los ritos, por los cultos de nuestras hermandades, por nuestras tradiciones, por la perpetuidad de la misma historia, escrita con letras de oro por las generaciones que nos antecedieron y por el calendario de la Santa Iglesia”.
Por eso, aunque termine la Semana Santa, “la hermandad nunca se acaba. Porque el culto y la veneración a nuestras imágenes devocionales nunca se detiene. La actividad en la hermandad es diaria, siempre tiene vida, es trascendental en el devenir de un cristiano y de un cofrade; deben de ser el motor de la parroquia, de los barrios, de los colegios, los cultos, la formación, las convivencias, la caridad y las obras asistenciales…”. En este sentido, remarcó que “la caridad es un pilar fundamental de la identidad y una razón de ser del cofrade«.
Concluyó su poético pregón dando las gracias al prelado por su cercanía a las cofradías, y rogándole que “siga estando muy cerca de ellas: le necesitan, y les hace mucho bien”. Y recordando que “ser cofrade es una vocación”.

Fotografías: Juan Manuel Serrano Arce. Junta de Cofradías Penitenciales de Santander.