Homilía V Domingo de Cuaresma, por D. Álvaro Asensio Sagastizábal, Vicario General

Lázaro Evangelio

Ilmo. Sr. D. Álvaro Asensio Sagastizabal

D. Álvaro Asensio Sagastizábal

 

Un camino hacia el bautismo

Durante este año A de lecturas, en este tiempo de Cuaresma, estamos recorriendo, junto con los catecúmenos que recibirán los sacramentos de la Iniciación Cristiana en la vigilia pascual, un camino bautismal. Con la Samaritana hemos descubierto el agua viva, con el ciego de nacimiento a quien es la Luz y, hoy con Lázaro, el amigo de Jesús, al que es la Vida. 

Jesús se nos presenta no sólo como el que apaga nuestra sed de Dios y nos abre los ojos a la luz de la fe, sino que, se nos da a conocer, como el que es la Vida y el que nos la puede dar en plenitud, hasta el punto de decirnos: “El que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.

El camino de la Vida

La acción de Jesús, que devuelve la vida  a su amigo Lázaro es un claro compromiso del Señor por adelantar lo que será el horizonte y la meta del camino para todos aquellos que son y serán amigos suyos.

En el evangelio de hoy hemos asistido a un precioso diálogo entre Jesús y Marta, la hermana de Lázaro. En el escuchamos que nuestro camino, el de todos, es el camino de la vida. Jesús pregunta a Marta, y a nosotros; ¿crees esto? La respuesta de Marta es: Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Es la profesión de fe en Jesús como Mesías, como Hijo de Dios, como Salvador. Es la pregunta que en la noche de Pascua el obispo hará a los catecúmenos y que Jesús nos hace hoy a nosotros, a los que participamos en la misa dominical. Dentro de unos días celebraremos la Pascua. Hoy estamos celebrando la Pascua Semanal. La salvación, el encuentro con Jesús, nuestra Vida, es un acontecimiento actual, de hoy y ahora. ¿Crees esto?

La vida camino de felicidad

Es verdad que la resurrección de Lázaro es más un reanimación que una resurrección. Lázaro es resucitado para volver a morir y esperar, de nuevo, la resurrección para la vida eterna. La resurrección de Jesús es única y nos abre a una esperanza. Después de la resurrección de Jesús, nuestra muerte ya no tiene el mismo sentido. La vida para nosotros no es camino de penas hacia la nada, el vacio y la muerte, sino que es un camino de felicidad, alegría y gozo. El Señor nos ha dicho: Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis.  A pesar de las dificultades y los momentos de tristeza y dolor en este camino, Dios nos insiste: Comprenderéis que yo, el Señor, lo digo y lo hago –oráculo del Señor–. 

Jesús llamó a Lázaro: Lázaro, sal afuera. Y nos lo sigue repitiendo a cada uno de nosotros: sal de tu sepulcro, de tu pecado, de tus ataduras de muerte… Estamos en tiempo de conversión y, en pocos días, celebraremos la Pascua. Preparemos bien nuestra confesión para reconciliarnos con Dios y empezar una vida nueva. Hemos oído a Jesús decir: Quitad la losa y gritar: Desatadlo y dejadlo andar. Nos lo grita también a nosotros, nos invita a caminar sin losas, sin ataduras… nos lo dice también a nosotros con el texto del salmo: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. Jesús nos llama a seguirle y a caminar con él en esperanza, en felicidad auténtica y en vida eterna…con alegría.

La Eucaristía es el Banquete de la Vida

Participar en la Misa del Domingo es, para nosotros, participar en el Banquete de la Vida que Jesús nos tiene preparado a todos. Cuando tenemos a Jesús en nuestro interior, después de comulgar, tenemos, también, su misma vida. Eso hará que tanto en nosotros, como en nuestro mundo, haya más vida, más paz, más alegría verdadera. Acerquémonos al altar, a la fuente de la Vida. Atendamos esa voz que nos dice: El Maestro está ahí y te llama.

 

Álvaro Asensio Sagastizábal

Vicario General

Delegado de Liturgia y Espiritualidad

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